El Gobierno nacional lanzó este jueves una nueva cuenta oficial en X llamada Oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina, un organismo virtual que dependerá del equipo de Santiago Caputo y que, según la Casa Rosada, servirá para “desmentir activamente las fake news” y exponer “operaciones de los medios y de la casta política”. El anuncio llega en un momento sensible: la administración Milei atraviesa una caída de confianza pública, acumulación de polémicas y una comunicación gubernamental ya dominada por la confrontación diaria en redes.
Según comunicó Presidencia, la iniciativa fue creada por pedido expreso de Javier Milei y quedará bajo la órbita de la Dirección Nacional de Comunicación Digital que conduce Juan Pablo Carreira, conocido en X como Juan Doe. La premisa oficial es que “solo informar no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta” y que la pelea cultural exige contestar cada crítica con datos “verificados” desde el propio Gobierno.
Más allá de la explicación formal, el lanzamiento abre un interrogante evidente: un Gobierno que acusa a los medios de “relato” crea ahora un organismo estatal para definir qué es verdadero y qué no, con la misma lógica unilateral que critica. No sorprende que la apuesta haya generado ruido inmediato entre especialistas en libertad de expresión, que interpretan la jugada como una oficina de propaganda moderna, diseñada para amplificar el discurso oficial bajo la excusa de combatir “operaciones”.
La nueva cuenta de X se estrena, además, después de que el propio Gobierno eliminara la Dirección Nacional de Pauta Oficial, una medida que dejó a la administración sin estructura de comunicación institucional tradicional. Desde entonces —según argumentan ahora— las críticas se habrían vuelto “más ruidosas”, un diagnóstico que parece más una admisión de fragilidad política que un problema de información pública.
El tono del lanzamiento no ayuda. En su primer mensaje, la Oficina aseguró que no busca “convencer ni imponer una mirada”, pero en la misma línea acusó a sectores opositores y a los medios de generar “falsedades” y “relatos”, ubicando al Gobierno como árbitro moral de la discusión pública. La contradicción es evidente: un organismo estatal que declara no querer imponer una visión mientras anuncia que se dedicará a marcar qué versiones son verdaderas y cuáles no.
En paralelo, Santiago Caputo viene instalando desde su cuenta personal la idea de un Gobierno envuelto en gestiones secretas, operaciones internacionales y un clima de denuncia permanente. La creación de esta Oficina profundiza ese mismo estilo, más cercano al activismo digital que a la comunicación institucional de un Estado democrático.
La Casa Rosada lo presentó como una herramienta para “defender la verdad”. La discusión real es otra: si un Gobierno con problemas de gestión y desgaste político rápido puede recuperar credibilidad creando un organismo destinado a responder posteos en redes sociales. O si, por el contrario, esta “Oficina de Respuesta Oficial” terminará confirmando lo que intenta negar: que el oficialismo depende cada vez más de la comunicación confrontativa para tapar sus propios frentes abiertos.

