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Andrés no quiere dormir la siesta

Se que para muchos el cine argentino siempre esta hablando de lo mismo, desde distintos ángulos; personalmente lo que me atrae es justamente alguno de esos "ciertos ángulos" que nos permiten hundirnos en nuestra propia historia personal como el cine de otros lugares nunca podría.
En "Andrís no quiere dormir la siesta", el guionista y director Daniel Bustamante nos propone ver la vida familiar a travís de los ojos de un chico, en tiempos de represión militar.

Supongo que Andrís habrá nacido por el 69, tres años despuís que yo. No nos hemos cruzado en el colegio porque yo vivo en Buenos Aires, y íl en la Ciudad de Santa Fe, pero a ambos nos tocó atravesar los finales de nuestra infancia y la escuela primaria en tiempos del último gobierno militar.

La película nos sitúa en 1977, Andrís tiene 8 años y yo estoy en sexto grado. Recuerdo aquella disciplina del guardapolvo blanco, el pelo con gomina y raya al costado, formar fila en el patio, los llamados a la dirección, cantar la marcha de San Lorenzo o Aurora como la maestra de música que maltrata el piano, el salón de actos rodeado de solemnidad en los actos patrios.

En casa no hubo libros ni papeles que quemar, pero tambiín conocí un caso como el de Alfredo, se trataba de Corita, una vecina que estudiaba en la facultad y fue secuestrada y asesinada junto a su novio y una pareja de amigos. Y como Andrís, tambiín escuchí el silencio.

Andrís y yo pertenecemos a distintos escalones de nuestra tan poco querida clase media. Mientras íl jugaba a la pelota en un baldío al lado de un centro clandestino de detención, yo vivía en el centro porteño e iba a la colonia de vacaciones del club. Por eso siempre lamento no haber tenido más amigos de la infancia y más travesuras que recordar. A íl lo mandaban a aprender Kun-fu y a mi a aburridas clases de tenis. Cumplir, portarse bien, un mandato impuesto en el colegio, sugerido en casa, una edad que invita a aprender y probar jugando.

Kun-fu, Bonanza, la familia Ingalls, Meteoro, el Zorro, Astroboy, yo las veía todas en la televisión del comedor diario, porque al living no se podía entrar ni con patines. Allá en Santa Fe, Andrís tomaba su leche fría y sus tortitas negras que le servía su abuela, mientras la mía me daba el gusto con coca-cola y mi vieja hacía tortas y postres deliciosos. Como su abuela Olga, mi vieja debía quedarse en casa para cuidar a los hijos.

Tiempo de bolitas, figuritas, triciclo y gomera. Ya aparecían las novedades como ese juego de agua y triángulos que tambiín yo tuve. Y para los que teníamos una abuela mas pudiente, un colección de autitos matchbox "made in England".

Somos hijos no solo de una familia, tambiín somos hijos de un tiempo, de sus costumbres y reglamentos. Cuando Norma Aleandro juzga a nuestras familias en una entrevista "Es una familia con una falsa moral, falsa ítica, con un descreimiento absoluto de cualquier principio democrático, sin explicitarlo", creo que es demasiado severa con nosotros. Para habernos educado bajo la represión bien hemos sabido cuestionarla.

Me pregunto si Andrís y yo hubiísemos nacido una dícada antes, si el proceso nos hubiese encontrado en la facultad, como a Alfredo y a Corita, yo interesado en política, Andrís siempre inquieto ¿Quí hubiese sucedido? ¿Quí hubiesen pensando en nuestras familias?

En la película, la televisión aparece de fondo, transmite voces duras aunque no identifiquemos claro su mensaje. Recuerdo la revista Gente, cada semana en casa de mis abuelos, su foto a doble página con el helicóptero llevándose presa a Isabelita, la silenciosa satisfacción familiar, algo había terminado, no importaba lo que venía, pues no venían por nosotros.

Tambiín recuerdo la revista Somos y Siete Días con sus postales para enviar contra la campaña antiargentina que "se hacía" en el exterior, los avisos de los tanquecitos de la DGI, la fiesta del mundial, el modelo social y urbano que Ongania había dejado inconcluso. A fines del 81 conocí la revista Humor, más interesado por sus chistes que por sus notas políticas, pero es otro capítulo de nuestras vidas.

Al menos en la casa de Andrís las cosas se hablaban, bajo el mando dominador de la abuela Olga, en la mía no. Todo era silencioso y supuesto, una historia que no serviría para escribir guiones de cine.

En la calle, los Falcon verdes circulaban a la vista de todos y con toda naturalidad, acercarse a una sede policial o militar era amedrentador, nada de detenerse frente a ellas, encender las luces interiores del auto, mostrar los documentos, barricadas en la calle, custodios armados en las garitas. Parecía normal, parecía tan normal como ese galpón siempre custodiado al lado del que Andrís jugaba con amigos a la pelota.

Hay toda una Argentina que ha nacido despuís de aquellos tiempos, que los conoce por los testimonios que nosotros les transmitimos, por los libros y la escuela, por los documentales, el cine, los relatos políticos ¿Que pensarán de aquellos tiempos?, ¿Quí pensarán de nosotros?

Pero esto es un comentario de una película, Conrado Valenzuela en el personaje de Andrís esta genial, Juan Manuel Tenuta como el tío de Andrís hace un personaje muy querible y bonachón, Norma Aleandro protagoniza a la abuela Olga -dominadora de su familia-, Raúl es el padre de Andrís -interpretado por Fabio Aste-.

La película:

Director y guión: Daniel Bustamente
Actores: Norma Aleandro, Conrado Valenzuela, Fabio Aste, Marcelo Melingo, Juan Manuel Tenuta, Celina Font
Fotografía: Sebastián Gallo
Música: Federico Salcedo.

Norma Aleandro protagoniza una cinta que muestra "con dignidad" un tema de la atrocidad de la dictadura
http://www.terra.com.ar/feeds/notas/332/332256.html

"’Andrís no quiere dormir la siesta’ tiene el mejor guión con la dictadura por temática desde ‘La historia oficial’; ambas películas tienen una genuina dignidad para mostrar un tema tan atroz"

"Esta película puede ayudar a entender una familia con una educación, una moral, que propicia el nacimiento de gente que despuís puede llegar a ser represora. Es una familia con una falsa moral, falsa ítica, con un descreimiento absoluto de cualquier principio democrático, sin explicitarlo. Es una forma de vida, una manera de crianza y educación para un niño. Entonces, de alguna forma, la película es una metáfora"

Fuente: www.zonanortediario.com.ar

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