En San Isidro, las elecciones legislativas marcaron un punto de inflexión. La lista de Ramón Lanús, en alianza con La Libertad Avanza, se impuso con el 48,78 % de los votos. Fuerza Patria alcanzó el 23,93 %, mientras que el possismo, con su sello vecinal, quedó en tercer lugar con 15,21 %, lo que de todos modos le permitió sumar un par de concejales al bloque.
El resultado deja en claro que el ciclo de hegemonía local terminó. Gustavo Posse, intendente durante casi un cuarto de siglo, no fue candidato, pero su nombre sigue siendo sinónimo de política sanisidrense. Esa identidad aún conserva un caudal que asegura representación, aunque ya no alcanza para disputar el centro de la escena. Al menos no con una boleta corta y sin su nombre encabezando.
La elección también reflejó el nuevo orden político del distrito. Lanús capitalizó la ola de cambio con contundencia, consolidando su gestión al frente de la intendencia. Fuerza Patria, en tanto, se afirmó como la segunda fuerza y mostró capacidad para competir en un terreno históricamente difícil. En ese marco, el possismo transita una etapa distinta: ya no ordena la política local, pero tampoco desapareció.
El desafío ahora es redefinir su rol. Puede fortalecer su bloque en el Concejo y mostrarse como contrapeso, buscar acuerdos con otros sectores o preparar una transición hacia nuevas figuras que oxigenen la propuesta vecinal. La historia acumulada es un capital, pero la dinámica electoral marcó que San Isidro se mueve en clave de polarización. Para Posse y su espacio, el reto es cómo seguir siendo parte de ese juego sin el poder de antes, pero con la experiencia de siempre.
Lanús emerge como el actor central de un oficialismo fortalecido por su propia gestión y por el entramado de acuerdos -con el vecinalismo de ConVocación, entre otros- que supo construir. El peronismo, en tanto, recupera protagonismo después de años de relegamiento. En ese tablero de tres fuerzas, San Isidro parece haber dejado atrás la era de hegemonía absoluta para ingresar a un tiempo de polarización y competencia más abierta, donde la experiencia convive con la renovación y donde cada actor busca reacomodarse en un escenario que ya no admite nostalgias.

