La elección legislativa en Tigre dejó un mensaje claro: Fuerza Patria ganó con el 34,45 % de los votos, apenas por encima de La Libertad Avanza, que llegó al 32,61 %, mientras que el espacio de Julio Zamora, Somos Buenos Aires, quedó tercero con el 18,19 %. Los números hablan por sí solos: el intendente, que en 2023 había protagonizado una elección épica contra todos los pronósticos, esta vez quedó relegado a un lugar secundario.
La foto es contundente. Tras haber intentado sostener un proyecto vecinal que lo distinguiera del peronismo, Zamora se topó con una realidad de hierro: la sociedad tigrense se partió en dos bloques y dejó poco espacio para terceras vías. El dilema ahora es hacia dónde girar. Volver al peronismo provincial, tender puentes con La Libertad Avanza o mantenerse en el armado de gobernadores nucleados en Provincias Unidas pensando en 2027.
El resultado también implicó un triunfo simbólico para el massismo/malenismo. Sebastián Rovira, hombre de ese riñón político, encabezó la lista ganadora y devolvió a ese sector centralidad en el distrito pensando en volver a la intendencia. La Libertad Avanza, por su parte, logró una performance notable con un despliegue mínimo de campaña: quedó a menos de dos puntos de la victoria y se consolidó como una fuerza con piso alto a pesar de la debacle provincial.
Para Zamora, la derrota no significa el fin, pero sí la obligación de repensar su estrategia. Su espacio conserva presencia institucional y una base propia, aunque más acotada. Lo que quedó en evidencia es que la disputa central de Tigre se concentra hoy entre Fuerza Patria y La Libertad Avanza, y que cualquier proyecto alternativo necesitará reinventarse para no quedar en la periferia.

