El periodista Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles a los 82 años, después de permanecer internado en el Sanatorio Los Arcos, en el barrio porteño de Palermo, donde había ingresado el martes por un cuadro respiratorio.
La noticia fue confirmada por su familia y generó una fuerte repercusión en el mundo de los medios. Gelblung atravesaba desde hacía varios años distintos problemas de salud y esta había sido su cuarta internación de 2026. Pese a esas complicaciones, continuó trabajando prácticamente hasta sus últimos días.
Con más de cinco décadas de trayectoria, Chiche fue una de las figuras más reconocibles y, al mismo tiempo, más polémicas del periodismo argentino. Pasó por la gráfica, la radio y la televisión y construyó un estilo propio basado en la curiosidad, la búsqueda de historias llamativas y una manera directa de comunicar que lo acompañó durante toda su carrera.
Nacido en Buenos Aires en 1944 y criado en Villa Devoto, tuvo una infancia compleja y dejó la casa de sus padres cuando tenía apenas 14 años. Sin haber terminado entonces sus estudios secundarios, realizó distintos trabajos hasta comenzar a acercarse al periodismo.
Su ingreso a Editorial Atlántida, en 1966, marcó el inicio de su carrera profesional. Con apenas 22 años consiguió una de sus primeras primicias al infiltrarse en una reunión privada con el expresidente Arturo Illia. Con el tiempo llegaría a ocupar uno de los lugares más importantes de la editorial.
Entre 1975 y 1981 dirigió la revista Gente, una de las publicaciones de mayor circulación de la Argentina, y durante los años 80 estuvo al frente de La Semana. Desde esos lugares impulsó un periodismo que mezclaba grandes coberturas, investigaciones, personajes y recursos que en muchas oportunidades rozaban deliberadamente el sensacionalismo.
Gelblung nunca renegó de esa característica. “Me causa gracia que digan periodismo amarillo; hay una sola manera de hacer periodismo”, sostuvo alguna vez al defender una forma de trabajar que tomó elementos de los grandes tabloides internacionales.
Su llegada a la televisión se produjo cuando ya tenía cerca de 50 años. Allí encontró una nueva plataforma para desplegar su estilo y terminó convirtiéndose en uno de los periodistas más conocidos del país. Ciclos como Memoria, por Canal 9, quedaron asociados a su figura y a producciones que muchas veces cruzaban los límites tradicionales de los programas periodísticos.
A lo largo de los años trabajó además en emisoras como Radio La Red, Continental, Radio 10, Radio Rivadavia y La 100, mientras que en el mundo digital participó de proyectos como Minuto Uno, Infoveloz y Rating Cero.
Su vocación por las grandes coberturas lo llevó además a distintos conflictos internacionales. Estuvo, entre otros escenarios, en Vietnam, Biafra, la guerra de los Seis Días y Yom Kipur. Incluso en 2022, cuando tenía 79 años, viajó a Ucrania para cubrir la guerra provocada por la invasión rusa.
“Hay que estar donde hay que estar”, resumía Gelblung al hablar de esa faceta de su carrera. Era considerado un jefe exigente y sostenía que no podía pedirles a sus periodistas algo que él mismo no estuviera dispuesto a hacer.
En los últimos años se había mostrado crítico sobre algunos cambios en los medios y advertía sobre la pérdida de profundidad en las coberturas. “Ahora sos uno más y hay menos análisis, mucha coyuntura”, cuestionaba, al tiempo que señalaba la falta de lectura y de referencias históricas entre las nuevas generaciones.
También atravesó importantes problemas de salud. En 2020 sufrió una sepsis y una neumonía, mientras que en los años siguientes padeció episodios de insuficiencia renal y distintas internaciones. Sin embargo, nunca abandonó completamente su actividad profesional.
En 2025 recibió uno de sus últimos grandes reconocimientos al ser premiado por APTRA por su trabajo televisivo. Su carrera acumuló durante décadas distinciones, polémicas y momentos que quedaron en la historia de los medios argentinos.
En su vida personal, estuvo durante casi medio siglo junto a Cristina Seoane, a quien definía como “el gran amor” de su vida. Tuvieron tres hijos, Magdalena, María y Federico, y siete nietos.
Gelblung solía hablar de la muerte con una combinación de temor, ironía y desafío. “Yo encaro mi día como si fuera a vivir 200 años”, decía al referirse a sus problemas de salud. Esa actitud también explicaba en buena medida por qué siguió trabajando, viajando y proyectando hasta el final.
Con su muerte se va uno de los periodistas que más marcó la televisión, la radio y la gráfica argentina durante las últimas décadas: discutido por muchos, admirado por otros y difícilmente indiferente para quienes alguna vez lo vieron, lo escucharon o leyeron.

