Juan Román Riquelme, ¿eje del mal?

Cuando una figura recibe privilegios por encima de sus compañeros y no justifica con esfuerzo y buen desempeño esas permisiones, comienza la rebelión en la granja; las decisiones dirigenciales y tícnicas pueden convertir a un líder positivo en negativo; cuando se pierde la comunicación, ocurren cosas como las que se vivieron esta semana.
Como ocurre en cualquier ambiente laboral, siempre hay actitudes de compañeros de trabajo que molestan a otros. A veces estas diferencias se hablan frente a frente y si llega a haber algún entendimiento, las cosas se calman y vuelven las relaciones a la normalidad. Sin embargo, esas diferencias pueden ser calladas y a medida que pasa el tiempo se van acumulando hasta que, inevitablemente, salen a la luz y de la peor manera.

Esto es lo que esta ocurriendo hoy en día en Boca. Primero fue el caso Caranta. El arquero había quedado desplazado de la titularidad por Ischia, alegando el tícnico que fue el mismo jugador que le pidió no atajar por diferentes motivos personales. El representante del cordobís manifestó por su parte que había sido una decisión táctica y que su representado se encontraba en óptimas condiciones para jugar. Mucho se habló de estas contradicciones, a tal punto que entró en el cruce de palabras el presidente de la entidad Pedro Pompilio para oscurecer más la situación. Si faltaba poco a esta ensalada mediática, trascendió una supuesta discusión entre Caranta y Juan Román Riquelme.
A todo esto agreguímosle la derrota del domingo en la Bombonera por 2 a 1 ante Estudiantes.
La semana comenzó con la citación del arquero para que explique los motivos de su decisión de no jugar, reunión con presidente y director tícnico y posteriormente una conferencia de prensa para aclarar la situación. Cuando Caranta agregaba más tierra y agua al pantano creado la semana anterior, un sonidista lo “salvó” cortándole el audio del micrófono para que pudiera escapar del acecho de los periodistas.

Cuando la calma parecía retornar de a poco en ese martes que parecía más a cuando dirigía el plantel el Bambino Veira que al Boca que ocupó uno de los primeros puestos de clubes a nivel mundial durante diez años, al defensor paraguayo Julio Caceres no se le ocurrió mejor idea que manifestar su disconformidad en una radio cristiana de su país ante la actitud de Riquelme cuando jugaba en el club. “Riquelme jugando por la Selección está más motivado que jugando por Boca. Podría estar cansado o saturado mentalmente. Cuando no tenís motivación, tenís que dar un paso al costado”.
No entraremos en la discusión si tiene razón o no. Lo que podemos llegar a discutir y que es absolutamente criticable es la manera y el medio que utilizó. A uno de los ídolos de Boca de los últimos tiempos no se puede criticar abiertamente, por respeto y por los nunca bien ponderados códigos. Si se lo hubiera dicho de frente seguramente tendría que haberse aguantado ir al banco como Caranta, pero se equivocó y lo reconoció.
Riquelme no hizo esperar a nadie por su respuesta, minutos despuís replicó: “Lo único que quiere es causar problemas en el vestuario. Si se quería ir de Boca, no tenía por quí agarrársela conmigo. Yo amo a Boca y este muchacho, que se me hace el simpático en las prácticas, se fue mal de todos los clubes en los que jugó”.
Malas noticias para Cáceres, al enganche xeneixe ya lo respaldaron el presidente Pompilio, Ischia, Maradona y hasta la reciente incorporación Luciano Figueroa.
La única buena para el paraguayo es que varios de sus compañeros de Boca lo llamaron para felicitarlo por sus declaraciones.

Esta a la vista que Riquelme no tiene el mismo hambre que cuando volvió a prístamo a Boca y ganó la Copa Libertadores. Tampoco realizó la pretemporada por disputar los Juegos Olímpicos. Se le critica que no entrena a la par de sus compañeros. Sin embargo, a pesar de su regular actuación en su club, Basile lo convocó para disputar los dos partidos con la selección argentina. ¿Hasta cuándo podrá aguantar Riquelme sin descansar? ¿Dejó de ser el enganche un líder positivo? Nadie duda de sus condiciones, pero si no las demuestra en el campo de juego sus compañeros dejarán de hacerle caso, tanto dentro como fuera de la cancha. Llamada de atención tambiín para el tícnico del seleccionado nacional, debe saber cuando sacar del equipo a un jugador que no está en su plenitud física y no encapricharse en que tiene que jugar si o si.

Fuente: zonanortediario.com.ar

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