Después de más de quince años de relación, matrimonio y una vida compartida atravesada por la política de más alto nivel, Mauricio Macri y Juliana Awada pusieron punto final a su vínculo. La decisión, según reconstruyen distintos medios nacionales, fue tomada de común acuerdo antes de las fiestas de fin de año y manejada con extrema reserva hasta que finalmente se hizo pública.
La ruptura no fue abrupta ni escandalosa. Por el contrario, fuentes cercanas a la pareja coinciden en que el desgaste venía de larga data y que ambos optaron por atravesar juntos Navidad y Año Nuevo para cuidar el clima familiar y, sobre todo, a su hija Antonia. Recién después de esas fechas la separación comenzó a circular en ámbitos políticos y sociales, hasta confirmarse este fin de semana.
La historia entre Macri y Awada había comenzado en 2009, cuando él era jefe de Gobierno porteño y ella ya era una empresaria consolidada del mundo de la moda. El encuentro casual en un gimnasio de Barrio Parque derivó en un noviazgo veloz, convivencia temprana y una boda que, en 2010, reunió a buena parte del establishment político y empresarial en la estancia La Carlota. Un año después nacería Antonia, el eje que hoy sigue manteniéndolos unidos desde otro lugar.
Durante la Presidencia, Awada se transformó en una figura central del macrismo desde un rol atípico: evitó la confrontación política, construyó una imagen cuidada, estética y de perfil bajo, y logró niveles de aceptación pública que muchas veces superaron a los del propio expresidente. Tras la salida de la Casa Rosada, la pareja fue reduciendo su exposición y encontró refugio en el sur del país, especialmente en la Patagonia, donde solían pasar largas temporadas.
En las últimas semanas, algunos gestos empezaron a llamar la atención. Awada compartió vacaciones, paisajes y momentos íntimos en redes sociales junto a su hija y amigos, sin la presencia de Macri, mientras el expresidente continuó con agenda política y apariciones públicas propias. Sin comunicados oficiales ni declaraciones directas, el silencio de ambos terminó funcionando como confirmación.
La separación clausura una etapa simbólica de la política argentina reciente. Macri y Awada no solo fueron marido y mujer: representaron una estética, una narrativa y una forma de ejercer el poder que marcó una época. Hoy, ese capítulo se cierra sin escándalos, pero con el peso inevitable de haber sido una de las parejas más visibles del poder en la Argentina del siglo XXI.

