“Hoy más que nunca el gobierno debe actuar con absoluta prudencia en un contexto de crisis financiera internacional”

La inesperada crisis financiera internacional que desde hace poco más de una semana conmueve al mundo financiero global nos abre un escenario de reflexión de cara a la realización de un análisis de nuestro pasado reciente, despojado de ánimos revanchistas y oportunistas de ocasión, para construir un escenario futuro con el eje puesto en el crecimiento sustentable.
No podemos dejar de indicar que la crisis en cuestión no fue pronosticada por ninguno de aquellos gurúes (de adentro y de afuera) que presentaban al sistema argentino como el mas inseguro, desconfiado e imprevisible, que alentaban una inminente hecatombe nacional, con intensión de favorecer claramente a intereses corporativos y personales inconfesables.
Esta crisis, demuestra que la decisión del ejecutivo nacional, de compartimentar las dimensiones de política-económica internacional y la nacional, desde 2003, en contenedores diferentes y no comunicantes más que por algunos canales institucionales de uso lamentablemente no frecuente (Cancillería), ha sido el remedio más eficaz para permanecer estables en el contexto de desconcierto mundial. No significa ello que debamos regocijarnos de las decisiones tomadas ni acerca de cuanto está sucediendo ya que la historia económica nos muestra que en principio si al mundo le va mal no se genera un visible beneficio para nuestro país.
No obstante la fortaleza del nivel de reservas y la competitividad de nuestra moneda nacional que permite mantener un nivel de superávit interesante ayudando a promover la exportación de productos de valor agregado, no son de por sí elementos que nos permitan afirmar con seguridad que la Argentina es inmune a cuanto está sucediendo. En este sentido pueden generarse dos posiciones diferentes. Por la vía positiva podemos señalar la posibilidad de la repatriación de gran parte del capital “fugado” por la anterior desconfianza generada en nuestro sistema bancario (unos 180.000 millones de dólares), que serían volcados una parte al sistema bancario, otra al “colchón, y otra mas consistente al sector madre de nuestra economía, la construcción. Generaría ello más demanda de empleo y mayor consumo a la vez que presionaría sobre el alza de salarios y la inflación por aumento de demanda.
Por otra parte, por la vía negativa, podemos señalar el riesgo de que el temor y la desconfianza sea de tal magnitud que los “tenedores de dinero” opten por una política altamente conservadora que tenga eje en la aversión al riesgo aún aplicando, desde el Estado Nacional, políticas activas de seducción para el ingreso de capitales y posibilidades de inversión con importantes tasas de rentabilidad. Ello generaría un amesetamiento del crecimiento del país en todos sus indicadores (empleo, aumento del PBI, etc). a la vez que incidiría en los indicadores de inflación presionando a la baja por vía de la caída en la demanda.
Ambos escenarios, aún con matices, indican solamente que hoy más que nunca el Gobierno de la Presidenta Cristina Fernández debe actuar con absoluta prudencia tanto en la adopción de decisiones relevantes (pago al Club de París y holdouts) como en la efectiva y eficiente asignación de recursos del Presupuesto nacional.

Fuente: zonanortediario.com.ar

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