El gobierno de Javier Milei, que llegó al poder con la promesa de eliminar la pauta oficial y cortar con los “ensobrados” a medios y periodistas, enfrenta un nuevo escándalo que pone en jaque su discurso de austeridad. Según reveló el último balance de YPF, la petrolera de mayoría estatal destinó 97.110 millones de pesos al rubro “Publicidad y propaganda” durante 2024, un salto exponencial frente a los 31.749 millones invertidos en 2023 bajo la gestión de Alberto Fernández. Lejos de cumplir con el relato de “pauta cero”, los números muestran que el financiamiento a medios amigos se canalizó a través de empresas estatales, con Santiago Caputo, el estratega detrás de la comunicación oficial, como figura clave en el manejo de estos fondos.
La información, destapada por el investigador Agustín Espada y amplificada por diversos medios, expone una contradicción flagrante con las declaraciones del presidente Milei y su entorno, quienes durante la campaña y los primeros meses de gestión insistieron en que la publicidad oficial sería cosa del pasado. Sin embargo, el incremento del 205% en el gasto publicitario de YPF –ajustado por inflación, un aumento real del 40%– sugiere que la “motosierra” no llegó a las partidas destinadas a sostener el relato oficial. Por el contrario, las “cajas” de YPF, Banco Nación y Aerolíneas Argentinas habrían reemplazado al presupuesto estatal directo como herramientas para distribuir pauta, con Caputo como el cerebro detrás de esta maniobra.
Un esquema opaco y selectivo
El manejo de estos fondos no solo llama la atención por su magnitud, sino también por su opacidad. Santiago Caputo, asesor estrella de Milei y apodado “el mago del Kremlin” por su influencia en las sombras, no ocupa un cargo formal en el organigrama estatal, pero controla de facto las millonarias partidas publicitarias de las empresas públicas. Fuentes periodísticas señalan que el dinero fluye hacia medios y periodistas afines al oficialismo, como La Derecha Diario, cuyo dueño, Eduardo Negre, negó recibir pauta directa del gobierno central, pero no pudo desmentir los avisos de YPF que aparecen en su sitio. “¿YPF no los auspicia?”, le retrucaron en vivo, dejando en evidencia las grietas del discurso.
El caso de La Derecha Diario no es aislado. La pauta se reparte a través de consultoras privadas que cobran comisiones de entre el 13% y el 17,5%, un negocio redondo que contradice la prédica libertaria de eficiencia y transparencia. Mientras tanto, el criterio para elegir a los beneficiarios sigue siendo una incógnita, alimentando sospechas de favoritismo y uso político de los recursos públicos.
Consecuencias judiciales y roces internos
El escándalo no se limita al plano político. El uso de YPF como “caja oficial” complica la posición de la petrolera en un juicio en Nueva York, donde acreedores argumentan que empresas estatales como YPF son un “alter ego” del gobierno argentino, lo que podría justificar embargos. El gasto publicitario desmedido refuerza esta tesis y pone en riesgo los activos de la compañía en un momento en que busca financiamiento internacional para proyectos como Vaca Muerta.
Dentro del gobierno, las tensiones también crecen. Voces internas señalan que Karina Milei, hermana del presidente, desconfía de Caputo y su manejo discrecional de la pauta, mientras que el enfrentamiento con grupos mediáticos como Clarín –excluidos del reparto– añade más leña al fuego. La resolución 7147/2024, que eliminó la pauta oficial directa para 2025, parece ahora un gesto vacío frente a la evidencia de que el dinero sigue fluyendo por otros canales.
El fin de un relato
Con casi 100 mil millones de pesos gastados en publicidad a través de YPF, el mito de la “pauta cero” se cae a pedazos. Lo que el gobierno presentó como una cruzada contra el despilfarro se revela como una redistribución estratégica de fondos públicos para sostener su narrativa. Mientras Milei insiste en su discurso de austeridad, los números hablan por sí solos: la publicidad oficial no desapareció, solo cambió de bolsillo. Y en ese juego, Santiago Caputo se consolida como el arquitecto de un sistema que, lejos de romper con el pasado, lo recicla con nuevos protagonistas.

