La senadora bonaerense y dirigente del Frente Renovador Malena Galmarini cuestionó con dureza el avance del Gobierno nacional sobre la privatización de AySA y advirtió sobre las condiciones que deberían exigirse a los eventuales concesionarios. “El Estado le dedicó mucho a la empresa como para que ahora se la regalen a privados sin tener claro cómo nos vamos a ocupar de que esos privados lleguen ahí donde no les es rentable”, afirmó.
La ex titular de la empresa estatal habló este lunes en una ronda de prensa realizada en el marco del Demo Day de CarpinchIA, una iniciativa de la Universidad Nacional del Delta (UNDelta) que reunió en ÁreaBeta, Nordelta, a diez equipos que presentaron soluciones con inteligencia artificial orientadas a resolver problemas de la comunidad.
Consultada sobre la posible privatización de AySA, Galmarini sostuvo que “el agua es un derecho humano, no es una mercancía” y recordó que esa concepción, según señaló, está respaldada por Naciones Unidas, la Constitución y distintos fallos de la Corte Suprema de Justicia.
Además, puso en duda que una nueva gestión privada pueda garantizar la expansión de los servicios hacia los sectores menos rentables. “Me gustaría saber, a cambio de 40 años de concesión, porque son 30 más 10, cómo van a hacer para que cumplan con lo que tienen que cumplir, que es que llegue la última milla a todos lados”, planteó.
“La rentabilidad no está en Garín, no está en La Paloma ni en Las Tunas”, enfatizó la senadora provincial, al advertir sobre el riesgo de que una eventual concesión concentre las inversiones en las zonas donde resulte económicamente más conveniente prestar el servicio.
Galmarini recordó además las inversiones realizadas durante su gestión al frente de AySA para ampliar las redes, reducir pérdidas, fortalecer los laboratorios y avanzar con obras estructurales. Entre ellas mencionó el Sistema Riachuelo y el Río Subterráneo Sur, además de la planificación para extender el servicio en distintos puntos del Conurbano.
“Faltaba muy poco en algunos lugares para llegar al 100% de agua y cloacas, como hemos llegado en lugares como Tres de Febrero, Capital Federal y San Fernando”, afirmó. Para la dirigente massista, el Estado realizó una inversión significativa en la compañía que debe ser tenida en cuenta antes de avanzar con su traspaso al sector privado.
Durante la misma ronda de prensa, Galmarini también se refirió a la discusión política en torno a las PASO y rechazó que las reglas electorales se modifiquen permanentemente de acuerdo con las conveniencias de los distintos espacios.
“No podemos estar cambiando las reglas de juego. La democracia no puede cambiar las reglas de juego todos los años”, afirmó. Y lanzó: “No hay nada más casta que estar mirando cómo, si nos sirve o no nos sirve para esta elección para tal o cual partido político, las reglas electorales”.
La senadora bonaerense cuestionó además la práctica de dirigentes que mantienen cargos en uso de licencia mientras ocupan otras funciones. “Existe el llano”, señaló al recordar una conversación sobre la dificultad para ubicar a todos los dirigentes en las listas electorales.
“Tenemos el extraño caso de una persona que era intendente en uso de licencia, senador en uso de licencia y posible funcionario del Gobierno Nacional. Cuando no salió, volvió para atrás. Bueno, muchachos, terminémosla”, expresó. Según sostuvo, ese tipo de prácticas forman parte de “las cosas que a la gente no le gustan”.
Galmarini habló además sobre Malvinas y cuestionó el giro discursivo del Gobierno nacional respecto de la cuestión de soberanía. “Yo soy re malvinera”, afirmó, y consideró que preferiría que la defensa del reclamo argentino surgiera “por convicción” y no por conveniencia política.
Finalmente, expresó una fuerte preocupación por el crecimiento del endeudamiento familiar y diferenció las deudas destinadas a realizar una inversión de aquellas que se toman para cubrir las necesidades básicas.
“El problema de la deuda que están tomando hoy, no solamente las tigrenses y los tigrenses, sino las argentinas y los argentinos, es que toman deuda para comer”, aseguró. “Dentro de diez días tengo que volver a tomar deuda porque de nuevo tengo que comer. Y eso es una complicación enorme, te desordena la vida”, agregó.
Según describió, muchas familias comienzan utilizando la tarjeta de crédito, luego recurren a préstamos para cubrir el pago mínimo y finalmente terminan buscando dinero en circuitos informales cada vez más peligrosos.
“El endeudamiento es un endeudamiento social, es mucho más allá que en términos económicos”, resumió Galmarini, al advertir que la falta de ingresos suficientes termina afectando no solo a cada familia sino también a las tradicionales redes de solidaridad que funcionan en los barrios.

