El Lollapalooza Argentina cerró este domingo su undécima edición en el Hipódromo de San Isidro con tres jornadas de música que volvieron a convertir a la Zona Norte en el epicentro del circuito festivalero de la región. Durante el fin de semana, del viernes 13 al domingo 15 de marzo, decenas de miles de personas pasaron por el predio para ver a más de un centenar de artistas de distintos géneros, en una grilla que mezcló pop, rock, electrónica, hip hop y nombres argentinos que hicieron sentir su peso ante un público masivo.
La jornada final tuvo como protagonista a Sabrina Carpenter, que debutó en Sudamérica con un show cargado de pop, coreografías y un despliegue escénico que terminó de cerrar el festival con clima de celebración. La cantante estadounidense repasó algunos de sus temas más populares, entre ellos “Espresso”, “Taste”, “Good Graces” y “Manchild”, mientras el público acompañó cada estribillo en un cierre que terminó con miles de celulares en alto y el predio del hipódromo convertido en una fiesta.
Antes de ese final, el domingo había tenido otros momentos fuertes. Deftones aportó la cuota de rock pesado con un set potente que convocó a una multitud frente al escenario principal, mientras Doechii levantó la energía con un show de rap y pop que mantuvo al público en movimiento. También hubo espacio para clásicos locales con Ratones Paranoicos, que repasaron parte de su repertorio histórico y generaron uno de los momentos más nostálgicos del fin de semana.
El festival había arrancado el viernes con un clima de expectativa que rápidamente se transformó en euforia. Tyler, The Creator fue uno de los grandes protagonistas de la primera jornada, con un show de hip hop explosivo que marcó el tono de la noche. Lorde, por su parte, ofreció un set más introspectivo que logró una conexión especial con el público, mientras la banda Turnstile aportó una dosis de punk y energía cruda. Turf sumó rock argentino festivo y terminó de consolidar el clima de celebración en el predio.
El sábado fue probablemente el día más comentado del festival. Chappell Roan se convirtió en una de las revelaciones de la edición con una presentación teatral y cargada de estética pop que generó una respuesta inmediata del público. Paulo Londra, uno de los nombres argentinos más esperados, llevó su repertorio de trap y reggaetón al escenario principal y fue recibido con una ovación que confirmó su vigencia dentro de la escena urbana. En paralelo, Skrillex volvió a dominar la electrónica en el Perry’s Stage, mientras artistas como Lewis Capaldi y MARINA aportaron variedad a una grilla que cruzó estilos y generaciones.
Más allá de los shows, el predio del Hipódromo de San Isidro volvió a mostrar la escala que caracteriza al Lollapalooza. Los distintos escenarios distribuidos en el parque permitieron que miles de personas circularan entre recitales, patios gastronómicos y espacios de descanso. El sábado hubo algunas lluvias intermitentes, pero no alcanzaron a alterar el ritmo del festival, que mantuvo una convocatoria masiva durante las tres jornadas.
Para San Isidro y toda la Zona Norte, el evento también significó un movimiento inusual durante el fin de semana. Desde temprano, miles de fans llegaron al predio desde distintos puntos del conurbano y la Ciudad de Buenos Aires, con accesos cargados sobre Panamericana y un flujo constante de público durante todo el día.
Con el cierre de Sabrina Carpenter y las últimas luces apagándose en el hipódromo, el Lollapalooza Argentina volvió a confirmar su lugar como uno de los festivales musicales más importantes del país. Tres días de shows, multitudes y artistas internacionales que, una vez más, dejaron a San Isidro en el centro del mapa musical del fin de semana.