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viernes, febrero 20, 2026
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Diputados aprobó la reforma laboral en una sesión caótica y el proyecto vuelve al Senado

En una jornada atravesada por el paro general de la CGT, protestas en las calles y fuertes tensiones en el recinto, la Cámara de Diputados aprobó este jueves por la noche la reforma laboral impulsada por el Gobierno con 135 votos afirmativos y 115 negativos, aunque con modificaciones que obligan a que el texto regrese al Senado para su sanción definitiva. La eliminación del polémico artículo 44 —que reducía las licencias por enfermedad o accidente no laboral— permitió sumar adhesiones clave de algunos bloques provinciales y despejar el camino para que La Libertad Avanza busque convertir el proyecto en ley la próxima semana, antes del mensaje del presidente Javier Milei del 1° de marzo.

Todo comenzó en un clima enrarecido, con el recinto ya cargado por el contexto nacional: en las afueras del Congreso se desarrollaban las movilizaciones por el paro general, mientras adentro la sesión avanzaba entre gritos, acusaciones cruzadas y escenas que rozaron el escándalo. El inicio mismo del debate fue conflictivo, cuando el presidente de la Cámara, Martín Menem, intentó aprobar el plan de labor a mano alzada y diputados de Unión por la Patria se abalanzaron hacia el estrado para exigir una votación nominal. A lo largo de la maratónica deliberación se sucedieron momentos de tensión que incluyeron discusiones a los gritos, reclamos por presunta pérdida de quórum y maniobras para dilatar o acelerar el proceso de votación.

El oficialismo logró abrir la sesión con 130 diputados presentes, gracias a un entramado de apoyos que combinó a sus aliados habituales —PRO, UCR y MID— con acompañamientos provenientes de gobernadores que ordenaron bajar a sus bancas. Entre ellos, Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta), Rolando Figueroa (Neuquén) y Marcelo Orrego (San Juan). Varios de esos legisladores, sin embargo, terminaron votando en contra del proyecto pero colaboraron con el quórum para habilitar el debate, lo que generó durísimas críticas desde el peronismo y la izquierda. Juan Grabois los acusó de “ser verdugos de su propio pueblo”, mientras que Máximo Kirchner apuntó directamente contra Nóblega, de Elijo Catamarca, cuestionando que se hubiera sentado para iniciar la sesión y luego rechazara la reforma.

A pesar de las tensiones, artículo por artículo el oficialismo blindó los 26 títulos y los 218 artículos que quedaron vigentes tras la modificación del Senado. Entre los puntos centrales del proyecto figuran la prioridad de los convenios por empresa o región por encima de los sectoriales, la eliminación de la ultraactividad, el nuevo Fondo de Asistencia Laboral para cubrir indemnizaciones, cambios en el cálculo de despidos, la creación de la figura del repartidor independiente para plataformas, la ampliación del concepto de servicios esenciales que restringe el derecho a huelga y la habilitación del banco de horas. También avanza un esquema de blanqueo laboral con reducción de cargas patronales para nuevos trabajadores registrados.

El debate estuvo atravesado por posiciones irreconciliables. Desde La Libertad Avanza, Lisandro Almirón defendió el proyecto argumentando que “el marco regulatorio actual expulsa a millones de personas hacia la informalidad”. En la vereda opuesta, Sergio Palazzo advirtió que se abrirá “una catarata de pedidos de inconstitucionalidad” y denunció “un retroceso histórico en derechos laborales”. Vanesa Siley acusó a gobernadores peronistas de “entregar quórum a cambio de cajas provinciales”, mientras Miguel Pichetto objetó el sistema de convenios por empresa por considerarlo “un error que la historia demuestra como negativo”. Máximo Kirchner afirmó que la reforma “va a fracasar” y que otorga “mucho más poder a los empleadores para despedir o deteriorar salarios”. Germán Martínez anticipó que el peronismo derogará la ley si vuelve al gobierno.

La recta final de la sesión fue un espejo del clima general: al ver bancas vacías del oficialismo, un diputado de Unión por la Patria pidió votar una moción para enviar el proyecto a comisión, lo que desató un nuevo caos. Hubo corridas, discusiones al borde de los empujones y acusaciones de maniobras irregulares. Tras varios minutos de tensión, Menem logró recomponer el quórum y habilitar la votación definitiva. Incluso una moción de Silvana Giudici para limitar a 30 minutos el debate final encendió más ánimos, aunque luego la diputada decidió retirarla “como un gesto de pacificación”.

Mientras tanto, en los palcos, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, siguió buena parte de la sesión junto al jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro del Interior Diego Santilli, y fue ovacionada por la bancada libertaria.

Con el texto ya aprobado, ahora todas las miradas apuntan al Senado. El oficialismo convocó para este viernes a un plenario de comisiones para emitir dictamen y buscar tratamiento en el recinto el jueves 27. Milei pretende llegar a la apertura de sesiones ordinarias con la reforma laboral convertida en ley, como señal política de peso en medio del conflictivo escenario económico y social. El debate, sin embargo, dejó una conclusión clara: más allá del resultado legislativo, el país continúa polarizado en torno al rumbo que debe tomar el mundo del trabajo en la Argentina.

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