Memorias de la ciudad, señales del terrorismo de Estado en Buenos Aires

Hace tiempo, caminando por la esquina de Corrientes y Callao, prestí atención a algo que había visto muchas veces, una colorida placa en el piso recordando la desaparición de una persona en los años de la ultima dictadura militar; luego recordí haber visto una igual a una cuadra de mi casa, en Josí Cabrera casi Mario Bravo; y haber visto más aunque no puedo decir donde.
Me pregunte como el secuestro, tortura, detención, exilio, muerte, desaparición de tantos miles de argentinos pudo pasar desapercibido de la faz pública durante varios años. Hoy a travís del libro Memorias de la ciudad, así como antes a travís del NUNCA MÁS publicado por la CONADEP podemos reconstruir los lugares donde algunas personas estudiaban, trabajaban y vivían, fueron secuestrados y permanecen desaparecidas, y ubicar los centros de detención y tortura tambiín.

¿Como todo ese monstruoso aparato de terror, monstruoso por sus mítodos, por sus fines, pero tambiín por su envergadura; pudimos no verlo en su momento?

El libro nos propone una guía de lugares de la ciudad que testimonian las vidas que faltan, lugares por los que pasamos cotidianamente sin advertir lo que significan, lo que ahí sucedió, a la vista de todos sin que lo vea casi nadie.

Yo empecí el libro buscando información sobre mi colegio secundario, el Carlos Pellegrini (página 61), los testimonios de ex-alumnos me hicieron recordar con muchas coincidencias entre la etapa previa al golpe de Estado y lo que yo viví ahí entre 1979 y 1984. El clima militar del 72 me recuerda al período de mis primeros años, el clima del retorno democrático del 73 me retrotrae a 1983-84. Las coincidencias entre ambos procesos son demasiadas. Sin embargo, reciín en este libro encuentro respuestas a lo que allí sucedió en los años de silencio.

Tambiín encontrí datos de esa placa ubicada en la vereda a una cuadra de mi casa. Esa placa que corresponde a Eduardo Tejedor, ubicada en Cabrera 3484, en las puertas de la Escuela República de Irán.

Sin embargo, la reconstrucción del pasado siempre es tarea inconclusa. Falta una placa, una en Anchorena y Beruti, una por Corita, su novio y una pareja de amigos de la facultad. Corita vivía en el piso de arriba de casa, con su Madre. Se los llevaron a los cuatro, una noche y días despuís aparecieron muertos en la zona de Congreso. ¿Cuantos caso más así hay sin registrarse en ningún lado?

La propuesta del libro nos invita a buscar datos de nuestro barrio, buscar algunos lugares más conocidos, conocer testimonios que nos permiten vincularnos con las víctimas, sentirlos, humanizar la discusión política que suele rodear estos temas.

Hoy ya no existe la cárcel de Caseros -demolida- pero tampoco la presencia militar en las calles ni los carteles de "prohibido detenerse", o las garitas amenazantes que rondaban los cuarteles como el del Regimiento de Patricios en Palermo -hoy parcialmente convertido en centro comercial-, o a la ESMA -que ha sido desalojada y va dando paso al Museo de la Memoria-, o las barricadas que cortaban el paso frente a las comisarías, o el centro clandestino de detención Club Atlítico -sepultado bajo la autopista-.

Pero hoy hay una Pirámide de Mayo rodeada de pañuelos blancos, hay un Parque de la Memoria desde donde mirar al río en cuyo fondo hay tantas vidas, hay 78 árboles en la Avenida San Juan rindiendo homenajes de los vecinos de San Cristóbal. Hay una acción cotidiana por extirpar el silencio de tantos lugares que fueron ocupados por el terror.

A modo de introducción, el libro nos declara sus objetivos: "Esta publicación tiene el propósito de ofrecer al lector una serie de entradas para habitar y recorrer la ciudad de Buenos Aires de un modo reflexivo. Los caminos diarios hacia el trabajo y hacia la escuela, los itinerarios del fin de semana y los pautados por los centros comerciales y culturales nos impelen a vivir en un presente vaciado de historicidad y ese mismo impulso va dejando a los lugares huírfanos de su tiempo histórico y social. Este libro propone practicar un uso alternativo de los tránsitos urbanos, volver a destacar la historia suprimida en cada lugar donde la última dictadura militar condensó sus núcleos de diseminación del terror e intentar que esos rincones sean una ocasión para la memoria".

Más allá que la ciudad este aquí ordenada en 9 sectores, según barrios, con una precisa localización de cada referencia, como si fuese una guía, tambiín se nos ofrece la experiencia de abrirlo al azar, en cualquier página y perdernos en el laberinto.

El trabajo fue organizado por Memoria Abierta, que reúne a varias organizaciones de Derechos Humanos, entra ellas APDH, CELS, SERPAJ, Madres línea fundadora, Fundación Memoria Histórica y Social Argentina y Comisión de Homenaje a las Víctimas de Vesubio y Protobanco.

Fuente: zonanortediario.com.ar