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sábado, febrero 21, 2026
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Crisis en la planta de Corona en Zárate: Quilmes aplica un recorte que podría dejarla con la mitad de su personal

La fábrica inaugurada en 2020 para producir en el país la cerveza Corona atraviesa su momento más crítico desde su apertura. En medio del derrumbe del consumo y el fuerte avance de las importaciones, Cervecería Quilmes activó un plan de retiros voluntarios para unos 60 trabajadores, que reduciría la dotación actual —de 140 empleados— a prácticamente la mitad.

La planta había nacido hace cuatro años como un símbolo de expansión industrial, tras una inversión de 5.000 millones que buscó fabricar localmente la marca mexicana. Sin embargo, la recesión que golpea al mercado interno alteró por completo aquel escenario. Las ventas se desplomaron cerca del 45% durante 2025, según estimaciones gremiales, y el impacto también se vio en la actividad agrícola: la molienda de cebada cervecera cayó alrededor del 17%, reflejando la contracción general del sector.

Lo que comenzó con 260 operarios en tres turnos hoy se transformó en una estructura reducida y bajo presión. La compañía había ejecutado despidos durante el segundo semestre del año pasado y ahora avanzó en un acuerdo con el sindicato cervecero para ofrecer retiros voluntarios que, según admitieron desde el gremio, surgió ante la posibilidad concreta de paralizar la producción o incluso avanzar hacia un cierre definitivo.

Horacio Romero, referente sindical en la planta zarateña, advirtió que la crisis se dispara por la combinación de una “importación indiscriminada” y una caída sostenida del consumo. Un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación, elaborado sobre estadísticas del Indec, ya había marcado una señal de alarma: las importaciones de cerveza aumentaron un 293% en el primer trimestre de 2025, un salto que dejó a las plantas locales en clara desventaja competitiva.

El ajuste laboral vendrá acompañado por una reconfiguración profunda de la operación. De los tres turnos con los que funcionó la planta en sus primeros años, solo se mantendrá uno, centrado en la línea de envasado de vidrio no retornable. La empresa buscará sostener un nivel de actividad mínimo, con una estructura acotada y enfocada en el control de costos, mientras intenta evitar una decisión más drástica.

El impacto no es solo productivo. En Zárate, la planta representa una fuente clave de empleo industrial y su achicamiento genera preocupación en la comunidad. La incertidumbre se hace sentir tanto entre los trabajadores como en la economía local, que ya venía golpeada por la retracción del consumo.

La situación de Corona en Argentina es parte de una tendencia más amplia: el consumo per cápita de cerveza retrocede, las importaciones avanzan y las compañías se ven obligadas a ajustar sus estructuras para adaptarse a un mercado cada vez más reducido. El futuro de la fábrica dependerá de la evolución del consumo y de la presión competitiva del sector en los próximos meses. Por ahora, el plan de retiros voluntarios marca un antes y un después para una inversión que había sido presentada como un motor de crecimiento y que hoy pelea por sostener su funcionamiento.

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