Esteban Bullrich anunció su renuncia irrevocable al PRO, partido que aseguró haber tenido “el honor de fundar” junto a Mauricio Macri hace más de veinte años. Lo hizo a través de una carta dirigida al ex presidente, en la que planteó una fuerte crítica al rumbo actual del espacio y marcó como punto de quiebre “la protección brindada a Manuel Adorni”.
El ex senador nacional y ex ministro de Educación sostuvo que la decisión no fue sencilla, por su historia personal y política dentro del partido. “Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO”, expresó en el inicio del texto, donde recordó que el espacio nació con la promesa de construir “una nueva forma de hacer política”, basada —según sus palabras— en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones.
Sin embargo, Bullrich afirmó que desde hace tiempo le cuesta reconocer en muchas decisiones del partido “el espíritu que nos dio origen”. En ese sentido, aclaró que su salida no responde a diferencias tácticas ni a matices internos, sino a una distancia que considera cada vez mayor entre los principios proclamados por el PRO y las decisiones que finalmente adopta.
El dirigente, que se alejó del Senado en 2021 por el avance de la Esclerosis Lateral Amiotrófica, vinculó su decisión con una reflexión personal atravesada por su enfermedad. “Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia”, sostuvo.
El tramo más político de la carta aparece cuando Bullrich menciona directamente el caso de Manuel Adorni, jefe de Gabinete del gobierno nacional, cuestionado en las últimas semanas por sus explicaciones patrimoniales. Para el ex senador, ese episodio terminó de evidenciar la distancia con el partido.
“La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia”, escribió Bullrich. Y agregó: “No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender”.
En otro pasaje, profundizó la crítica al advertir que “cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”. La frase aparece como el núcleo de su ruptura con el PRO y como un cuestionamiento directo a la conducción partidaria.
Pese al tono crítico, Bullrich buscó diferenciar su decisión de una pelea personal. Aseguró que no escribe “desde el enojo ni desde el resentimiento” y expresó agradecimiento por el camino recorrido, las oportunidades recibidas y las personas con las que compartió el proyecto político.
También le dedicó un reconocimiento personal a Mauricio Macri, a quien le atribuyó haber impulsado “un espacio que cambió para siempre el mapa político argentino” y permitió que muchos dirigentes encontraran un lugar desde donde “servir al país”.
“Hay momentos en los que la fidelidad a una organización no puede estar por encima de la fidelidad a la propia conciencia”, planteó Bullrich al justificar su salida. Y remarcó que permanecer en el partido implicaría, para él, dejar de vivir de acuerdo con aquello que intenta enseñar y transmitir.
En el cierre de la carta, el ex senador afirmó que su compromiso con la Argentina “permanece intacto” y que seguirá trabajando, “desde donde Dios me permita hacerlo”, para promover una cultura política que entienda el poder como servicio, la verdad como un deber y la dignidad de cada persona como centro de toda decisión.
“Deseo sinceramente que el PRO pueda reencontrarse con el espíritu que inspiró su nacimiento”, concluyó Bullrich, en una renuncia que golpea simbólicamente al macrismo por tratarse de una de las figuras históricas del espacio y de un dirigente con fuerte identificación pública con los valores fundacionales del partido.

