El municipio de San Isidro está en el centro de una controversia tras anunciar un proyecto para actualizar su Código de Ordenamiento Urbano, normativa que regula el desarrollo y uso del suelo en la zona. Este cambio, según el gobierno local, busca proteger el patrimonio histórico y natural del área, además de fomentar la construcción de viviendas más accesibles. Sin embargo, las propuestas han generado preocupación entre los vecinos, quienes exigen mayor debate y claridad sobre los posibles impactos.
La presentación oficial del proyecto estará a cargo de Manuel Abella, subsecretario de Planeamiento Urbano, y se espera que el Concejo Deliberante lo trate antes de fin de año. Para ello, la gestión de Ramón Lanús ha solicitado extender las sesiones ordinarias. Mientras tanto, agrupaciones vecinales ya están reuniendo firmas en rechazo a las modificaciones propuestas.
Preservación histórica y natural
Uno de los ejes centrales del proyecto es la conservación del patrimonio histórico y los espacios naturales de San Isidro. Entre las medidas más destacadas está la prohibición de nuevas construcciones en la costa, asegurando su uso público y resguardando áreas emblemáticas como el Parque de la Ribera. También se busca proteger la barranca, declarándola “área intangible de protección ambiental” para evitar alteraciones en su paisaje y topografía.
Otra medida relevante es la redefinición de inmuebles con valor patrimonial. Según la propuesta, serán catalogados aquellos construidos antes de 1943 que tengan relevancia arquitectónica, histórica o cultural, incluso si no están dentro de áreas patrimoniales ya identificadas. La evaluación quedará a cargo de oficinas técnicas, que determinarán los criterios en caso de intervenciones.
Impulso a la vivienda accesible y cambios comerciales
El proyecto también apunta a flexibilizar las normativas en zonas como Villa Adelina y Boulogne, con el objetivo de incentivar la construcción de viviendas más pequeñas y económicas, especialmente de uno y dos ambientes. Esta medida busca facilitar el acceso a jóvenes y diversificar la oferta habitacional.
Asimismo, se propone reducir los requisitos para cocheras en zonas con buen acceso al transporte público. Esto, según el municipio, permitirá optimizar el uso del suelo, fomentar locales comerciales en plantas bajas y disminuir la dependencia del automóvil particular.
Preocupación vecinal y reclamos
Pese a los objetivos planteados, las asociaciones vecinales han expresado su descontento. Argumentan que los cambios podrían comprometer la tranquilidad y el carácter residencial de barrios como Acassuso, aumentando la densidad poblacional y generando posibles problemas en los servicios públicos y la movilidad urbana. Además, temen que estas flexibilizaciones beneficien principalmente a desarrolladores inmobiliarios.
Los vecinos demandan un proceso más transparente y con mayor participación ciudadana, incluyendo un análisis técnico detallado del impacto de las reformas. Para visibilizar su postura, tuvieron esta noche una reunión con el concejal Walter Pérez, presidente de la Comisión de Planeamiento Urbano y funcionario durante la gestión de Gustavo Posse, en busca de respuestas y ajustes al proyecto.
Un futuro incierto para el urbanismo de San Isidro
El debate sobre el nuevo Código Urbanístico de San Isidro pone en tensión dos visiones: la necesidad de modernizar las normativas para adaptarlas a los desafíos actuales y el temor a perder la identidad y calidad de vida que caracteriza al municipio. Con opiniones divididas, el destino del proyecto dependerá de las negociaciones entre las autoridades, los concejales y la comunidad.
“Al no modificar zonificaciones ni alturas de zonas, son ajustes menores”, consideró Abella en diálogo con el diario La Nación, quien mañana deberá ir a explicarlo al Concejo Deliberante en reunión de comisión. Y agregó: “El proyecto está abierto y en tratamiento. Por lo menos se va a debatir durante un mes y estamos empezando a hacer algunas reuniones informativas”.

