Tras recorrer reumatólogos, traumatólogos y kinesiólogos sin una respuesta completa, muchos vecinos de San Isidro, Martínez, Acassuso y Beccar llegan tarde al consultorio psicológico y con una sospecha: que les están diciendo que el dolor es inventado. La Lic. Myrian Pereyra, con más de diez años de práctica clínica en Zona Norte, aclara qué hace y qué no hace la psicoterapia en estos cuadros, y en qué momento conviene empezarla.
La Lic. Myrian Pereyra, psicóloga clínica matriculada en el Colegio de Psicólogos de San Isidro, publicó una guía de orientación para residentes de la zona que conviven con fibromialgia o con dolor persistente y que reciben, por primera vez, la sugerencia de consultar a un psicólogo. La iniciativa responde a una escena que la profesional observa con frecuencia en su consultorio de San Isidro: personas que llevan años de estudios, medicación y sesiones de kinesiología, que escucharon de su médico que “todo está bien” o que “es fibromialgia”, y que interpretan la derivación a psicoterapia como una forma de decirles que el dolor no es real. El abordaje completo, junto con los motivos de consulta que atiende, se encuentra descrito en el sitio web de la profesional.
El recorrido típico tiene sus propias estaciones. Empieza con un dolor que no cede: la espalda, el cuello, las articulaciones, o un dolor generalizado que cambia de lugar. Sigue con el médico clínico, que pide análisis y radiografías. Continúa con el traumatólogo, después con el reumatólogo, especialistas que a veces atienden San Isidro pero muchas veces hay que dirigirse a la Ciudad de Buenos Aires, con viajes por la Panamericana o el Tren Mitre que agravan justamente el cuadro que se intenta tratar.
A esto se agrega la kinesiología, alguna infiltración, un antiinflamatorio que ayuda un tiempo y deja de ayudar. Y en algún punto aparece un diagnóstico que no siempre trae alivio, porque nombrar la fibromialgia no explica por qué la persona que hasta hace tres años jugaba al tenis en el club o caminaba por la costa de Martínez hoy necesita organizar su semana alrededor del cansancio.
Según la definición de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor que recoge la guía, el dolor crónico es el que persiste o se repite durante más de tres meses. Pasado ese umbral, el dolor deja de cumplir su función protectora y se convierte en una condición en sí misma, que afecta el sueño, el ánimo, la actividad física y la vida cotidiana entera. La fibromialgia es una de sus formas de presentación más frecuentes, caracterizada, según los criterios diagnósticos revisados por el Colegio Americano de Reumatología en 2016, por dolor generalizado, fatiga constante, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas que muchas pacientes describen como “niebla mental”: olvidar una palabra en medio de una frase, perder el hilo de una reunión, no recordar si se pagó una cuenta.
El punto central de la orientación publicada por la psicóloga es que ese dolor es real, y que precisamente por eso conviene entenderlo con un modelo más amplio que el de una lesión física.
Ese marco tiene una traducción muy concreta para los vecinos de San Isidro y alrededores que están en medio del recorrido. La derivación a psicoterapia no significa que el médico crea que el dolor es imaginario. Significa que reconoce que hay una parte del cuadro, la que sostiene, amplifica o agrava el dolor, que la medicina por sí sola no alcanza a abordar.
Hay un aspecto de esta situación que en la zona suele pasar desapercibido: lo que el dolor hace con la familia. En muchos hogares de San Isidro, Martínez o Beccar, la persona con fibromialgia era la que sostenía la logística cotidiana, y el cuadro obliga a reorganizar sus tareas. Aparece la culpa por no poder, la irritación de familiares que no entienden un dolor que no se ve o la sospecha de que la persona está exagerando. El dolor deja de ser un síntoma individual y pasa a circular en el sistema familiar, modificando los vínculos.
Por eso la profesional trabaja desde un enfoque que combina psicoanálisis y pensamiento sistémico: por un lado, el lugar que el dolor ocupa en la historia personal de cada paciente y su relación con duelos, pérdidas o conflictos no elaborados que puedan sostenerlo; por otro, el modo en que ese dolor reorganiza el mundo vincular de la persona.
Es importante recordar que la psicoterapia no diagnostica ni trata la causa orgánica del dolor, y no siempre es lo primero que se necesita. Si el dolor todavía no fue evaluado por un médico, si apareció de forma reciente, si cambió sus características o si se intensificó de manera brusca, lo prioritario es la consulta médica que descarte causas que requieran un tratamiento específico o urgente.
Y si junto con el dolor la persona atraviesa una depresión intensa, una angustia que no cede o pensamientos de hacerse daño, la atención debe ser prioritaria e interdisciplinaria, con un psiquiatra y, si la urgencia lo amerita, con un servicio de guardia.
En esos casos el trabajo psicológico sigue siendo valioso, pero como parte de una red más amplia y no como única vía. El tratamiento, en todos los casos, se realiza en combinación con el médico tratante de la persona, sea clínico, reumatólogo o psiquiatra.
“Una de las formas más importantes de cuidar a alguien es ser honesta sobre lo que mi trabajo puede y no puede hacer. Yo no voy a tratar la causa de tu dolor, eso es de tu médico. Lo que sí puedo hacer es trabajar sobre todo lo que lo sostiene y lo agranda, y sobre lo que ese dolor te está haciendo a vos y a tu hogar. Cuando alguien me dice que le duele de verdad, le creo, y justamente por eso le propongo que no se quede solo con los estudios. Un dolor que lleva cinco años instalado no se resuelve con un análisis más“, explicó la Lic. Myrian Pereyra.
Las sesiones de psicoterapia pueden realizarse de forma presencial o por videollamada. La modalidad online, respaldada por la investigación como una opción eficaz para el tratamiento del dolor crónico, resulta especialmente útil cuando el propio dolor o la fatiga dificultan el traslado, algo frecuente en pacientes de Martinez, Acassuso o Beccar, para quienes un viaje corto se puede convertir en un esfuerzo desproporcionado en un día malo.
Quien opte por el formato presencial encuentra el consultorio entre el centro y el bajo de San Isidro, a pocas cuadras de la estación del Tren Mitre y con dársenas privadas de estacionamiento frente a la propiedad, lo que evita caminar con dolor desde una cochera lejana.
Para los vecinos de San Isidro y de la Zona Norte del Gran Buenos Aires que llevan tiempo en el circuito de estudios y especialistas, la conclusión práctica es simple. Si el dolor ya fue evaluado por un médico y persiste, la psicoterapia no es el último recurso ni una forma de restarle realidad: es una parte del tratamiento que la evidencia respalda y que la mayoría de las personas empieza demasiado tarde.
Es de suma importancia mencionar que quien esté atravesando una crisis emocional o tenga pensamientos relacionados con hacerse daño debe comunicarse de inmediato con el SAME al 107, con el Centro de Asistencia al Suicida al 135 desde CABA o al 0800-345-1435, o acudir a la guardia médica más cercana.
Acerca de Lic. Myrian Pereyra
La Lic. Myrian Pereyra es psicóloga clínica matriculada (M.P. 98366, Colegio de Psicólogos de San Isidro – Distrito XV), Licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy, con postgrado en Clínica y Pensamiento Sistémico y especialización en Psicoanálisis. Tiene diez años de experiencia en el tratamiento de ansiedad, ataques de pánico, depresión, fibromialgia y dolor crónico en niños, adolescentes y adultos. Atiende en su consultorio de Gral. Manuel Belgrano 919, San Isidro, Provincia de Buenos Aires, y de forma online a pacientes de todo el país. Consultas por WhatsApp al +5491158681474 o por email a myrper@gmail.com.

