InicioINFORMACIÓN GENERALActualidadRubén Darío Gasparini reseña la obra literaria de Victorio Pirillo

Rubén Darío Gasparini reseña la obra literaria de Victorio Pirillo

El escritor Rubén Darío Gasparini, nacido el 16 de junio de 1955, ha desarrollado una trayectoria literaria profundamente vinculada a la vida cultural de San Antonio de Areco. Autor de los títulos Cuentos de luna y de sol, El patriarca, La dulzura clara de un hechizo y La comarca de Arecú, alcanzando cerca de quince obras publicadas.

​Gasparini también es autor de la biografía de su padre, el reconocido pintor Osvaldo Gasparini, figura destacada del arte argentino cuya obra se centró en el universo gauchesco, los paisajes pampeanos y la vida rural. Nacido en 1917 en Laboulaye y radicado desde su infancia en Villa Lía, en Areco, Osvaldo Gasparini desarrolló una obra profundamente ligada a la tradición criolla. Formado en el Conservatorio Albistur, fue ilustrador de ediciones del Martín Fierro y expuso en importantes galerías del país, consolidando un estilo influenciado por Alberto Güiraldes y por el imaginario literario de Ricardo Güiraldes.

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Martín Fierro en braile ilustrado por Gasparini

​Además de su producción literaria, Rubén Darío Gasparini tuvo una activa participación en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), donde ejerció funciones de conducción y presidió la filial Mercedes. Convencido del valor de la lectura como base de la escritura, resume su visión en una frase: “quien quiera ser escritor debe leer, leer mucho”.

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​En esta ocasión, Gasparini ofrece una profunda reseña sobre la obra del escritor Victorio Pirillo:

Reseña de Rubén Darío Gasparini

​Tres novelas que merecen el honor de la pluma, parafraseando a Leopoldo Marechal, componen la novelística de Victorio Pirillo. Refiero que la vastedad de hechos históricos, de documentación y episodios ficticios pero verosímiles, me obligan a componer un epítome de lo que me produce la lectura de una magnífica saga: “Espartaco y su legión de rebeldes y anarquistas”, “Simón Bolívar en el infierno de Dante” y “Francisco de Miranda, el verdadero libertador”.

​(Ejemplos de la “nueva novela”, la de mediados del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX: Ulises, de Joyce; Rayuela, de Cortázar; Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano; Adán Buenos Ayres, de Leopoldo Marechal, entre otras celebridades de la narrativa universal).

​En cada novela de Victorio Pirillo se descubre interés por concebirla como una epopeya de lo cotidiano, en donde predomina el simbolismo, se visibilizan las influencias y se interpelan diversas descripciones de la lingüística. Su lectura me remite a Eduardo Mallea en “Notas de un novelista” (1954), donde subrayo que la ficción en la novela demuestra que puede ser más veraz que la historia, ya que además de recoger y recopilar, se prueban los hechos; y Victorio Pirillo ostenta la virtud de transmitir los hechos históricos en ficción gracias a una imaginación creadora y extraordinaria solvencia intelectual.

​Cada novela ilumina la inteligencia del lector y azuza emociones. Se entrevé un cuestionamiento de los modos de significación y de representación para lograr la verdad por refracción y ser un paladín en la lucha por la verdad, como señaló Leopoldo Lugones. Su literatura es la historia desde la Roma de Lúculo hasta el 1830 de Simón Bolívar, donde exhuma y reivindica al verdadero libertador Francisco de Miranda.

​Es difícil encasillar cada una, pero se admite que se ubican en la novela de no ficción (non fiction novel), denominada “próxima al reportaje”. Si bien es cierto que la novela actual desecha los preconceptos teórico-literarios, no es menos cierto que la teoría se ajusta convenientemente, habida cuenta de que el estilo permite encuadrar cada obra en la modalidad conversacional, que consiste en narrar como si fuera una manifestación de oralidad, reflejando abundantes lecturas y superlativa formación aún cultural.

​La circularidad narrativa traza el perfil de un estilo fluido, trabajando con la difícil facilidad con que se hacen las cosas en arte para que duren siempre, parafraseando a Fermín Estrella Gutiérrez. Esas descripciones directas de hechos y personajes, en tiempo verbal presente, actúan como sustento de la coloquialidad. Cada una de las novelas es un macrocosmos cuya textura de novela experimental la convierte en obra maestra; y, como toda obra maestra, se construye en una escuela de construcción literaria, dotada de capacidad para provocar el extratexto.

​Se me ocurre que, así como en “Rayuela”, Cortázar compone una tabla para leer su novela, en la obra de Pirillo hay un orden de lectura para interpretar en su conjunto: primero está “Espartaco”, le sigue “Simón Bolívar en el infierno de Dante” y culmina con “Francisco de Miranda, el verdadero libertador”.

​Para cerrar, considero menester mencionar el realismo fantástico (el de Borges y el de Bioy Casares), pues Victorio, con destreza expresiva, introduce en la narración un elemento ilusorio, mezclando lo real con lo fantástico; en resumen, categóricamente, la novelística de Victorio Pirillo es un dechado de méritos literarios y extraordinarios.

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