InicioMUNICIPIOSTigreDelta del Paraná: Las venas abiertas

Delta del Paraná: Las venas abiertas

Los arroyos son los vasos comunicantes del Delta de Paraná; el isleño es la sangre. El de ellos es un mundo heredado, como las venas, que son los ríos. Si cortamos las venas, si las herimos y derramamos su sangre, si no somos capaces de interpretar ese mundo, lo estamos matando. Querandíes, guaraníes, paraguayos, criollo del litoral y gringos son el limo de esas islas interminables y de inmensa belleza que conforman Tigre, y esa conjunción de etnias que habitan su territorio.

La vida del isleño, del poblador de las islas de todos los tiempos siempre ha sido dura, sacrificada.

"Los Isleros", el film de Lucas Demare, refleja con crudeza la vida en las islas de aquella ípoca. Tampoco hay que desmerecer el valor documental de la vasta filmografía de Armando Bo en ese mundo agreste.

En lo que se conoce como el "Delta profundo", distante del turístico Puerto de Frutos o de los barrios privados ribereños, familias enteras pasan días sin ver persona alguna, y el silencio de las islas se corta de vez en cuando con el paso de una lancha que navega río arriba.

Haroldo Conti ha descripto como nadie ese mundo, su vida, sus protagonistas, la vida en el río, su principal sustento. Rodolfo Walsh tambiín escribe su último cuento "Juan que se iba por el río" cuyo protagonista es un isleño, pero la historia se pierde antes de ser editada y sólo se la conoce a partir de la reconstrucción oral hecha tras su muerte.

El poblador de las islas, el isleño, transita los ríos y arroyos cotidianamente porque es, podríamos decir, su modo de vida, su sustento. Hasta hoy utiliza embarcaciones, pontones de metal en su gran mayoría, funcionales a su labor, capaces de cargar maderas, frutos, mimbre, pescados, y tambiín los materiales que usa para levantar sus viviendas. Otros, a los que les ha ido mejor, utilizan trakets y botes plásticos.

Los fines de semana reviven la vieja costumbre de visitar parientes y tambiín de llegarse a los poblados más cercanos para hacer las compras de aquellos productos que no provee la lancha almacenera en su recorrida.

Los NyC (Nacidos y Criados) en esas islas tuvieron que aceptar el boom poblacional y turístico, toda vez que su economía de monocultivo ha ido decreciendo, y cientos de familias tuvieron que emigrar cuando la fruta dejó de ser rentable y la madera no alcanzaba para ser el sustento de todos. Tras la muerte de los viejos isleños, gran parte de sus descendientes no aceptaron ese mundo de sacrificios y se volcaron a las ciudades.

En los últimos años los accidentes protagonizados por modernas embarcaciones deportivas, llevándose puestas aquellas utilizadas por los isleños (nacidos o por adopción), han tenido finales trágicos, cobrándose además decenas de personas heridas o lesionadas.

La muerte el pasado fin de semana de la joven Tamara Suetta a manos de un grupo de abogados aparentemente alcoholizados es una muestra más de ese sinsentido y de ese choque cultural. Con sus padres ya mayores, volvían por el Río Carapachay como otras veces de un día de compras en Tigre.

Quien conducía la embarcación mayor que impactó contra el bote con motor fuera de borda en que iba la familia isleña, el abogado Manuel Beccar Varela, fue imputado por el delito de "homicidio culposo" y le dio positivo el control de alcoholemia al que fue sometido.

La Prefectura Naval ha ido intensificando los controles, en particular los fines de semana, pero los isleños se quejan del trato desigual que reciben.

Los pobladores de los countrys no tienen en su mayoría limitaciones económicas para adquirir lujosas y modernas embarcaciones que, por común denominador, no tienen pedal de freno. Sábados, domingos y fines de semana largo puede verse desde la orilla peligrosas maniobras y finales cabeza a cabeza que más se asemejan a pistas de carrera por llegar a las guarderías.

El Delta profundo ha ido corriendo sus fronteras. Las familias isleñas buscarán atajos menos peligrosos en esa red interconectada de arroyos de ese su mundo isleño, que volverá a recobrar cierta normalidad entre semana, cuando el canto de los pájaros se corte tres veces al día con el inconfundible sonido de las lanchas de pasajeros, esas de madera que llegan a las escuelas o traen de madrugada las sombras del río y el recuerdo de los isleños muertos.

Fuente: www.zonanortediario.com.ar

Artículos relacionados

Últimas noticias