Malvinas-Poema

(Libros del Zorzal 2018)

Mario Sampaolesi

Malvinas es un extenso poema fragmentado.

Algún tiempo después del fin de la guerra, la idea de escribir sobre las islas se manifestó de manera bastante clara.

Lo oscuro ocurría en mi interior. ¿Desde dónde trabajar el texto? ¿Cómo superar las distintas encrucijadas que se planteaban formalmente?

Por ejemplo: evitar el tono patriótico, no caer en la demagogia, el golpe bajo, el dogma ideológico.

Todas estas dudas (en realidad miedos, ya que escribir sobre Malvinas conlleva múltiples riesgos) no tuvieron rápida respuesta.

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Durante el largo período posterior podría decir que olvidé este deseo, hasta que a mediados del año 2008 aparentemente todas estas situaciones fueron resolviéndose o mejor dicho definiéndose y el poema surgió de un golpe.

Tres voces lo componen: una antiépica, otra explora una retórica neutra, y una tercera subjetiva.

La primera comprende hechos reales e imaginarios de la contienda;

la segunda refiere a las características físicas de las islas y la tercera responde a la de un soldado-personaje que vuelve a esos territorios veinte años después.

Malvinas-Poema configura una fuerza de afirmación y también de oposición.

Afirmación de un estado dramático que contrasta con el desarrollo de una escritura plana despojada de todo ornamento y que congela la fiebre de una épica.

Malvinas propone un horror descarnado, pero al mismo tiempo una redención. Me interesó ese juego de mosaico, de escenas;

me interesaron me interesan las relaciones secretas que se establecieron y establecen entre los distintos fragmentos.

Y por supuesto la intromisión de ciertos elementos narrativos en el texto.

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– Cavá un pozo, cavá hijo de puta;

sacá con la palita la tierra por ahora negra de Malvinas;

cavá te digo, pendejo, y después si querés vivir metete bien adentro de ese agujero porque vienen los ghurkas.

Vienen los ghurkas y estoy solo en esta noche helada, arada por los proyectiles luminosos de la metralla;

los obuses caen cada vez más cerca y yo no quiero morir acá, lejos de todos en la congelada noche de las islas, encandilado por los trozos de cielo amarillento de las bengalas, arreado hasta acá como ganado porque soy argentino;

pero no quiero morir y hace tanto frío, y vienen los ghurkas, vienen arrastrándose sobre la tierra todavía negra de Malvinas, vienen por mí.

Yo los siento acercarse.

Los suboficiales dicen que después de matar al enemigo ellos le comen el corazón, mi corazón argentino late todavía, los pedazos rotos de mi corazón serán masticados por los ghurkas, tragados hasta el estómago británico de los ghurkas, la sangre de mi corazón celeste y blanco se mezclará con la de ellos, y así nuestros pasados con su carga de dolor y de secreto convergerán en cada pulsación, en cada latido.

Estoy muy solo esta noche y quiero volver, quisiera volver antes de que coman mi corazón, mi corazón que ama tanto esta turba negra y dentro de poco roja de Malvinas.

Pero no puedo irme, no puedo dejar este lugar, este pozo profundo que cavé con mi palita, esta tierra que arañé con mis manos paralizadas de frío, esta turba que aplané, que apisoné a patadas con mis borceguíes escarchados, rociados con las neblinas mutantes de las islas.

Mejor me quedo para cumplir con un destino, algo así me dijo el capitán, pero extraño y no puedo ver aunque todo está fatalmente iluminado y vienen los ghurkas.

Pero en una de esas, con el correr del tiempo, quién sabe, los trocitos, los pedacitos, las miguitas líquidas de mi corazón, tal vez los cambien.

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