El sábado pasado, Javier Milei abrió las sesiones ordinarias del Congreso con un discurso que buscaba proyectar control y liderazgo tras un año de gestión. Sin embargo, lejos de fortalecer su figura, el evento terminó opacado por una cadena de errores acumulados y nuevos traspiés que exponen un gobierno atrapado en la improvisación, la soberbia y una desconexión creciente con la realidad política. Desde el escándalo de la criptomoneda $LIBRA hasta la amenaza de intervenir Buenos Aires, pasando por el desplante al PRO, una entrevista interrumpida y un enfrentamiento con Facundo Manes que dejó un sabor amargo, La Libertad Avanza parece tambalearse en un laberinto de su propia creación, con una oposición que empieza a oler sangre y unas legislativas en el horizonte que podrían ser fatales.
El caso $LIBRA sigue siendo una herida abierta. La promoción de Milei en redes sociales de esta criptomoneda, que colapsó dejando pérdidas por 250 millones de dólares, no solo desató una investigación judicial que lo tiene en la mira, sino que erosionó su credibilidad entre votantes que lo veían como un outsider honesto. Su defensa —“actué de buena fe desde mi cuenta personal”— suena vacía cuando se considera el peso de su cargo. Este traspié se agravó con la interrupción de Santiago Caputo en la entrevista con Jonatan Viale en TN, un momento que dejó al descubierto la desesperación del Gobierno por controlar el relato. Las imágenes de Caputo susurrándole al Presidente, mientras Viale admitía el riesgo de un “quilombo judicial”, son un recordatorio de que la transparencia no es el fuerte de esta gestión.
A esto se suma el fiasco de la relación con el PRO, un aliado potencial que Milei cortejó durante meses pero que hoy parece más lejos que nunca. Las negociaciones para una alianza electoral, que buscaban fortalecer a La Libertad Avanza de cara a las legislativas de octubre, se enfriaron tras desencuentros como la postura ambigua del Gobierno en la ONU sobre Ucrania y la designación por decreto de jueces como Ariel Lijo, resistida por sectores del PRO y la UCR. Mauricio Macri, líder del PRO, había mostrado disposición a un acuerdo, pero las señales de Casa Rosada —sumadas a la intransigencia de Karina Milei y Caputo, reacios a ceder protagonismo— han dejado la coalición al borde del colapso. Sin el respaldo del PRO, el oficialismo enfrenta un panorama sombrío en distritos clave como Buenos Aires, donde podría perder frente a una oposición revitalizada.
Esa oposición, fragmentada hasta hace poco, encontró en otro desacierto de Milei un motivo para unirse: la amenaza de intervenir la provincia de Buenos Aires. La advertencia a Axel Kicillof no solo fue rechazada por el peronismo, sino que cosechó críticas de gobernadores de distintos signos políticos, desde Ricardo Quintela (La Rioja) hasta Sergio Ziliotto (La Pampa). “Atacar el federalismo es atacar la democracia”, sentenció Kicillof, mientras convocaba a una resistencia que podría traducirse en votos. Lo que Milei pensó como una jugada de autoridad terminó siendo un regalo para sus adversarios, que ahora ven en las elecciones una chance de frenar su proyecto.
La apertura de sesiones, que debería haber sido un momento de reafirmación, terminó empañada por un incidente que añadió más leña al fuego. El altercado entre Santiago Caputo y Facundo Manes, ocurrido tras el discurso, escaló hasta un cruce verbal con tintes de violencia que sorprendió por su crudeza. Manes, diputado de la UCR y voz crítica pero moderada, había cuestionado la designación de Lijo y García-Mansilla, a lo que Caputo respondió con insultos y gestos agresivos que quedaron registrados en videos que circularon ampliamente. El episodio no solo alejó aún más a sectores de la UCR —potenciales aliados en un Congreso hostil—, sino que proyectó una imagen de intolerancia que choca con el discurso libertario de Milei. “Si no soportan la crítica, ¿cómo van a gobernar?”, se preguntó Manes en redes, resumiendo el malestar de quienes ven en este gobierno más autoritarismo que libertad.
Otros errores alimentan esta tormenta. La designación de Lijo y Manuel García-Mansilla para la Corte Suprema, defendida con burlas en el Congreso (“son ñoños los que critican”), generó rispideces incluso entre aliados. Sin mencionar la abstención en la ONU sobre Ucrania, contradiciendo posturas previas, expuso una política exterior errática que descoloca a la comunidad internacional.
¿Qué revela esta seguidilla de tropiezos? Que el gobierno de Milei, erigido sobre la promesa de desmantelar “la casta”, está cayendo en los vicios que juró combatir: la improvisación, el autoritarismo y la dependencia de un círculo íntimo que lo aísla de la realidad. Sin una base sólida en el Congreso y con el PRO alejándose, las legislativas de 2025 podrían marcar el fin de su revolución libertaria. Argentina necesita liderazgo, no shows ni experimentos. Milei aún tiene tiempo de corregir el rumbo, pero el margen se achica, y el precipicio está cada vez más cerca.

