InicioMUNICIPIOSSan IsidroPanorama político en San Isidro: Ramón Lanús, perdido en su laberinto

Panorama político en San Isidro: Ramón Lanús, perdido en su laberinto

Ramón Lanús pasa horas difíciles. Tras el éxtasis de derrotar a la familia Posse y asumir como jefe comunal hace poco más de medio año, los problemas políticos, legales y de gestión agobian al intendente de San Isidro.

Retrocedamos al domingo 13 de agosto del año pasado. Ramón Lanús consiguió lo impensado por muchos: derrotó a Macarena Posse en la interna local del ya difunto Juntos por el Cambio. A pesar de sufrir un enorme corte de boleta en contra, pudo aprovechar el arrastre de Patricia Bullrich (o la debacle de Horacio Rodríguez Larreta) y el apoyo de los vecinalistas de ConVocación para vencer por unos 4000 votos a la heredera de Melchor y Gustavo.

La intendencia ya estaba asegurada, se sabía. El peronismo en San Isidro, haga lo que haga, consigue elecciones en torno a los 20 puntos y los libertarios no construyeron un candidato con verdaderas expectativas, como ocurrió en toda la provincia de Buenos Aires. El 22 de octubre pasó lo que tenía que pasar y Lanús fue consagrado como intendente de San Isidro para asumir en un pomposo acto en el Parque Público de Villa Adelina la intendencia el 10 de diciembre. Hasta aquí todo feliz, pero las complicaciones no tardarían en aparecer.

Su madrina política, Patricia Bullrich, decidió sumarse al gobierno de Javier Milei, su verdugo en las elecciones y aquel que la tildó de asesina de niños por su pasado como montonera. Todo en nombre del cargo, perdón, el cambio.

Quizás pecando de un optimismo cercano a lo naif, Lanús pensó que eso significaba que el PRO en su conjunto se sumaría a este gobierno, y comenzó a expresarse en apoyo al presidente en diversas notas periodísticas y sus propias redes sociales. Pero no. Mauricio Macri, o como lo llama Jorge Asís “el ángel exterminador de la política”, reapareció en escena: tomó el control del PRO, desplazó a los allegados a Bullrich y marcó una linea divisoria. “No somos parte de este gobierno”, dejó en claro. La mayoría de los intendentes y gobernadores se pusieron del lado del ex presidente, quedando del lado bullrichista de la vida apenas un puñado de legisladores y el intendente de Tres de Febrero Diego Valenzuela -que sueña con ser ungido como el candidato a gobernador libertario en 2027-.

Lanús se sacó fotos tanto con Bullrich como con Macri en las últimas semanas. Intenta mantenerse neutral y según dicen en su entorno “enfocarse en la gestión”. No parece una opción sostenible a largo plazo, teniendo a las legislativas del año próximo a la vuelta de la esquina.

Sumado a eso, los polémicos hermanos Pablo y Joaquín de la Torre, junto a su delfín el intendente de San Miguel Jaime Méndez, venían siendo sus principales sostenes, incluso con algunos funcionarios aportados al Gabinete sanisidrense y hasta con el promocionado convenio por el programa de seguridad “Ojos en Alerta”. Pero ese apoyo de poco le sirve ahora. Justamente a los pocos días de la mencionada actividad, Pablo de la Torre fue echado del gobierno en el marco del escándalo por los alimentos no repartidos y cientos de contratos truchos, en una mega causa que investiga corrupción en el ministerio de Capital Social, por lo que el delatorresismo se alejó -pegando un portazo- de los libertarios y tampoco tiene lugar en el PRO. Llamativamente, Lanús fue el único intendente que salió a bancar a los De la Torre en sus redes sociales.

Así las cosas, con su alineamiento nacional por definir de cara a lo político, lo local dista de estar en calma.

Empecemos por la enorme debilidad legislativa de Lanús. En pos de llegar a la intendencia, solo colocó a un candidato a concejal “propio” en la lista, Guido Alvarado. El resto quedó en manos de ConVocación por San Isidro, cuya alianza política le costó a Lanús la vicepresidencia del HCD y algunas secretarías en el Ejecutivo. Además, tuvo que entregar la presidencia del Concejo Deliberante al possismo, que tiene ocho ediles y si se aliaba con los otros bloques opositores podía complicarle la gestión de sobremanera.

Sin embargo, esa débil alianza entre el gobierno saliente y el actual se quebró rápido. Hoy asistimos a una guerra de denuncias penales cruzadas y operaciones mediáticas. ¿Por qué? Fácil. La gestión de Ramón Lanús no terminó de despegar. El ajuste del gobierno nacional, su impacto en el provincial y por consiguiente en los municipios, sumado a la inexperiencia de este nuevo gobierno local, llevaron a situaciones insólitas. Las calles están más sucias, tras el mega temporal que azotó a la zona el pasado 17 de diciembre hubo árboles tirados durante más de tres meses en las veredas, no hay obras en ejecución, la inseguridad va en aumento a pesar de estadísticas de dudosa fiabilidad difundidas por la Comuna -incluso sucedió el primer asesinato en ocasión de robo en San Isidro en casi 10 años-, el sistema de salud está en estado de preocupante abandono -basta recordar el video viral del Hospital Central convertido en una especie de tienda de campaña de la II guerra mundial-, hubo un histórico paro de las patrullas de seguridad municipales por el enorme atraso salarial del sector, el aumento de tasas municipales de este año ya llega al 200% y los problemas siguen acumulándose. Ante esto, la estrategia política fue culpar a la “herencia” de Gustavo Posse y confrontar para, por un lado deslindar responsabilidades, y por el otro distraer a los vecinos del caos generalizado.

Algunos videos que muestran los problemas de gestión de San Isidro:

Además, hay otro motivo detrás del ataque iniciado por Lanús contra el possismo: el miedo a las legislativas 2025. Recordemos que Lanús no venció al propio Gustavo Posse sino a su joven hija Macarena. Posse, en esas elecciones, logró que su boleta como candidato a vicegobernador de Diego Santilli sea la más votada en el distrito. La imagen del ex intendente es aún positiva entre los vecinos, mientras que la de Lanús, de acuerdo al último estudio de la consultora CB, va en picada con solo 46% mientras que su percepción negativa es del 45%. Poco para un intendente nuevo y en teoría afín a la idiosincrasia local.

La especulación es que Gustavo Posse podría encabezar una lista de candidatos a concejales el año que viene, tirando toda la carne al asador. Y ahí también juega la política nacional y la indecisión de Lanús. Supongamos que el intendente elije el lado libertario junto a Bullrich, pero el PRO decide presentar una propuesta propia, junto a lo que sobreviva de Juntos por el Cambio, ese espacio podría tener a Posse encabezando la propuesta local y complicar el asunto. Y ahora pensemos el escenario contrario, Lanús candidato del PRO, enfrente un postulante de LLA y el peronismo unido, en ese juego una boleta corta de Acción Vecinal San Isidro es Distinto – el partido del ex jefe comunal- podría hacer una elección interesante, ¿y por qué no ganar las legislativas?. Y si eso pasa ¿como ejercería el poder Lanús otros dos años en un marco de absoluta debilidad?.

En lo político todas son especulaciones y todavía falta mucho, pero en la gestión todos son hechos. Los primeros seis meses lanusistas han estado marcados por la polémica y diversas crisis. Resta ver si logra revertirlo o este será el rumbo de toda su gestión, con un Ramón Lanús perdido en su laberinto.

¿Y la oposición que hace?

Esta nota no abarcaría el arco político sanisidrense sin analizar lo que ocurre con los espacios opositores locales.

Por empezar el possismo, con ocho concejales, un líder como Gustavo Posse con un piso de votos garantizados y la experiencia de décadas en el Ejecutivo aparece como el espacio mejor parado para plantarse ante Lanús. Pero no sin inconvenientes. No es lo mismo hacer política siendo oficialismo que siendo oposición y los problemas de ese cambio de rol se empieza a hacer sentir. Recordemos, por citar un ejemplo reciente, la falta de quórum en la última sesión convocada para pedir informes al intendente ante un aumento ilegal de tasas municipales.

Queda por ver también ver si la estrategia política será la de armar un partido vecinalista, aliarse a alguna de las opciones nacionales y si el apellido Posse encabezará la boleta en 2025.

Entre los libertarios también reina cierto desconcierto. La principal referente es la concejal María Feldtmann, que hace poco tuvo una polémica nacional reivindicando a Margaret Thatcher en medio de un homenaje a veteranos de Malvinas. Pero el bloque de ediles no le responde en su totalidad, de hecho votan de manera disímil. Además, el intendente mueve fichas para acercarse a Javier Milei, por lo cual se dan algunas críticas a la gestión, sobre todo en el plano de la seguridad, pero hay un cauto acompañamiento subrepticio. Quizás el panorama se aclare el año próximo con la definición de las alianzas nacionales y en ese momento sea más viable construir una opción local para ese espacio, aunque tal vez sea tarde para ser competitivos.

Finalmente, en cuanto al peronismo, sus tres principales espadas locales Santiago Cafiero, Sebastián Galmarini y Teresa García estuvieron abocados a lo nacional en las últimas elecciones y ahora buscan construir una unidad. El problema es que el bloque tiene posturas diversas ante el gobierno de Ramón Lanús, los ediles que responden a García, como Marcos Alcides Díaz, evitan las críticas a la nueva gestión y hasta justifican los errores por la herencia recibida, mientras que el massismo se muestra más duro y dispuesto a confrontar y el cafierismo -debilitado por el peso del apellido en la decepcionante gestión de Alberto Fernández- mantiene una postura intermedia. Habrá que ver si a pesar de las diferencias -y las de sus referentes a nivel nacional- logran mantener la unidad o asistiremos a una dura interna, como ocurrió en años anteriores, donde el que gana conduce y el que pierde, más que acompañar generalmente desaparece.

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