A veinte años de su fallecimiento, el Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López volvió a recordar a Susana Valle, hija del general Juan José Valle, fusilado en 1956. La relación entre Susana y el STMVL estuvo marcada por la militancia, la solidaridad y una profunda amistad con su secretario general, Victorio Pirillo.
El 3 de septiembre de 2006 fallecía Susana Valle, hija única del general Juan José Valle y de Dora Cristina Prieto, veinte años después, su figura continúa ligada a la memoria de una de las etapas más dolorosas, absurdas y controvertidas de la historia política argentina.
Susana no fue solamente la hija de un general fusilado, desde muy joven convirtió aquella tragedia familiar en una razón de vida y militancia, su nombre quedó asociado a las luchas políticas de varias generaciones que enfrentaron la proscripción, la persecución y la violencia política que siguieron al golpe de Estado de 1955.
El Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López (STMVL) la recordó como una mujer de profundas convicciones, comprometida con sus ideas y con una particular capacidad para mantener vivo el legado de su padre. El secretario general del gremio, Victorio Pirillo, destacó especialmente su condición de militante y amiga, y recordó la relación que ambos habían construido a lo largo de los años.
La amistad había comenzado décadas atrás, Pirillo acompañó a Susana en un acto realizado en la cancha de Atlanta durante la década de 1980, junto a Luis Zamora. Con el tiempo, ese vínculo político se transformó en una relación personal que continuó hasta los últimos años de la vida de Susana.
Una historia familiar convertida en memoria colectiva
La historia de Susana estuvo marcada desde la infancia por la muerte de su padre, el general Juan José Valle, encabezó en 1956 un levantamiento contra la dictadura instaurada después del derrocamiento de Juan Domingo Perón. Tras el fracaso de la rebelión, fue detenido y fusilado el 12 de junio de aquel año por orden del gobierno de Pedro Eugenio Aramburu.
Susana conservó para siempre el recuerdo de aquellos últimos momentos junto a su padre, la escena de la despedida en la Penitenciaría Nacional quedó incorporada a la memoria familiar y política de la Argentina: el general Valle frente a su hija poco antes de ser ejecutado.
Pero Susana no quedó atrapada únicamente en el lugar de víctima, convirtió aquella experiencia en militancia. Desde fines de la década de 1950 participó junto a jóvenes dirigentes y militantes como Felipe Vallese, Envar El Kadri y Jorge Rulli, entre otros, en las luchas de la Juventud Peronista.

Pirillo y Felipe Vallese
El vínculo con el Sindicato de Municipales
Durante muchos años, Susana frecuentó la sede del Sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López, -quien la ayudara a sobrellevar un problema oncológico- allí mas allá de ello, participó de homenajes y actividades vinculadas con la memoria de su padre y mantuvo una relación cercana con los trabajadores y con la conducción sindical.
Ese vínculo adquirió una dimensión particularmente significativa poco antes de su muerte, como gesto de confianza y de afecto hacia Pirillo y hacia la organización sindical, Susana dejó en custodia del STMVL las llaves de la bóveda familiar del Cementerio de Olivos, donde descansaban los restos de su padre.
Años más tarde, el sindicato entregó esas llaves a los familiares de Susana, quienes actualmente las conservan.
El gesto puede parecer sencillo, pero tiene un fuerte valor simbólico: una mujer que había dedicado su vida a preservar la memoria de su padre confió parte de ese legado a una organización sindical con la que había establecido un vínculo de solidaridad y pertenencia.
Una mujer que no renunció a sus convicciones
Desde el STMVL se destacó también el carácter de Susana. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer que no buscaba acomodarse a las circunstancias ni suavizar sus posiciones para agradar a los poderosos.
En el homenaje realizado por el sindicato se rescataron especialmente sus valores humanos, su energía militante y su decisión de sostener las ideas que había abrazado desde su juventud, una mujer que transformó una tragedia personal en una vida de militancia.
Pirillo expresó al recordarla: “la memoria de Susana se expresa así como una continuidad, la de quienes consideran que la historia no debe quedar encerrada en los libros, sino permanecer viva en las instituciones, en los trabajadores y en las nuevas generaciones; la memoria de Susana —como la de su padre— permanece viva”

