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Lula da Silva ganó el balotaje en Brasil, derrotó a Flávio Bolsonaro y le propinó un revés político a Milei

El presidente brasileño logró la reelección con el 51,76% de los votos frente al 48,24% del hijo de Jair Bolsonaro. Revirtió el resultado de la primera vuelta y consiguió un histórico cuarto mandato. La derrota del candidato respaldado por Javier Milei representa un golpe para la estrategia regional del mandatario argentino.

Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido este domingo como presidente de Brasil tras imponerse en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Con el 99,90% de las mesas escrutadas, el mandatario obtuvo el 51,77% de los votos, contra el 48,23% de su adversario, y aseguró su continuidad al frente del país por otros cuatro años.

Según los resultados difundidos durante el escrutinio, Lula alcanzó los 64.149.501 sufragios, mientras que Bolsonaro reunió 59.778.349. La diferencia fue de 4.371.152 votos, equivalentes a 3,52 puntos porcentuales, en una elección marcada por la fuerte polarización política.

La victoria representa un acontecimiento histórico para Brasil. Por primera vez desde el regreso de las elecciones presidenciales directas en 1989, un candidato que había terminado segundo en la primera vuelta logró revertir el resultado y ganar la presidencia. Además, Lula se convirtió en el primer dirigente brasileño en conseguir cuatro mandatos presidenciales.

El escenario había sido diferente el pasado 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro sorprendió al imponerse con el 47% de los votos frente al 45,1% del actual mandatario. A partir de ese resultado, el Partido de los Trabajadores (PT) intensificó su campaña para recuperar terreno y captar el respaldo de los votantes que habían elegido otras alternativas.

Durante las tres semanas previas al balotaje, Lula centró su discurso en la defensa de las políticas sociales, los derechos laborales y la continuidad de las inversiones públicas. También presentó la elección como una disputa entre dos modelos de país y advirtió sobre las consecuencias de un eventual regreso de la familia Bolsonaro al poder.

Por su parte, Flávio Bolsonaro, senador e integrante del Partido Liberal, había construido su candidatura sobre las propuestas de seguridad, cambios económicos y críticas a la administración del PT. Su campaña buscó recuperar el poder para el espacio político encabezado por su padre, Jair Bolsonaro, quien gobernó Brasil entre 2019 y 2022.

En el tramo final de la campaña, el gobierno brasileño impulsó distintas medidas económicas y sociales. Entre ellas se destacaron un incremento del 15% en el programa Bolsa Família, líneas de crédito para sectores de menores ingresos y alivios impositivos destinados a contener el precio de los combustibles.

También cobró protagonismo la aprobación legislativa de una reducción de la jornada laboral, que contempla el paso de 44 a 40 horas semanales y de seis a cinco días de trabajo, sin disminución de salarios. La iniciativa recibió el respaldo de ambos candidatos, aunque generó cuestionamientos de sectores empresariales por su posible impacto sobre los costos laborales.

La seguridad pública fue otro de los ejes de la disputa. Lula propuso una mayor coordinación entre el gobierno federal y los estados, con inversiones en equipamiento, inteligencia criminal y herramientas tecnológicas para combatir a las organizaciones delictivas. Bolsonaro, en tanto, planteó una orientación diferente en materia de seguridad y cuestionó los resultados de la gestión oficialista.

El resultado representa además un revés político para el presidente argentino Javier Milei, quien había respaldado públicamente la candidatura de Flávio Bolsonaro y apostaba a un cambio de gobierno en Brasil que permitiera fortalecer la relación bilateral y consolidar un bloque regional de mandatarios ideológicamente afines.

El apoyo de Milei al hijo del expresidente brasileño había sido explícito. En julio participó de la convención del Partido Liberal en San Pablo, donde cuestionó duramente a Lula y manifestó su respaldo a Bolsonaro. Luego, tras la primera vuelta del 4 de octubre, celebró la victoria parcial de su aliado con un mensaje en redes sociales: “Felicitaciones, querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula”.

En aquella oportunidad, el mandatario argentino también había expresado su expectativa de trabajar junto a Bolsonaro para fortalecer los vínculos entre ambos países. Sin embargo, la victoria de Lula frustró esas aspiraciones y garantiza la continuidad en el poder de uno de los principales adversarios políticos de Milei en la región.

La relación entre ambos presidentes atravesó fuertes tensiones durante los últimos años, con enfrentamientos públicos y declaraciones cruzadas que terminaron afectando el vínculo diplomático. En agosto, el gobierno brasileño decidió rebajar el nivel de su representación en Buenos Aires y dispuso que su embajador, Julio Bitelli, no regresara a la Argentina mientras continuaran los ataques verbales del mandatario argentino contra Lula.

La apuesta del Gobierno argentino por Bolsonaro también estaba vinculada con la posibilidad de encontrar un aliado para impulsar cambios en el Mercosur y profundizar una agenda de apertura comercial. Con Lula reelegido hasta 2030, Milei deberá continuar negociando con un presidente con el que mantiene profundas diferencias ideológicas, pero que gobierna el principal socio comercial de la Argentina.

El desenlace también tiene una lectura política de cara a las elecciones presidenciales argentinas de 2027. Mientras Milei buscaba consolidar una mayor afinidad ideológica entre los gobiernos de la región, Lula consiguió revertir una primera vuelta adversa y asegurar la continuidad del Partido de los Trabajadores en el poder brasileño.

En el plano internacional, el resultado también repercute en la relación de Brasil con Estados Unidos, China, Europa y los países del Mercosur. Lula ha sostenido durante su administración una política exterior orientada al multilateralismo, la integración regional y el fortalecimiento de los vínculos con las economías emergentes.

En particular, su continuidad plantea un nuevo escenario para las relaciones con el gobierno estadounidense de Donald Trump, que durante 2025 impuso fuertes aranceles a determinados productos brasileños en medio de tensiones diplomáticas vinculadas con la situación judicial de Jair Bolsonaro.

Lula iniciará el 1° de enero de 2027 su cuarto mandato presidencial, después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y de regresar al Palacio del Planalto en 2023.

Su reelección garantiza la continuidad del Partido de los Trabajadores en el gobierno brasileño hasta 2030 y abre una nueva etapa política para la principal economía de América Latina. Al mismo tiempo, modifica el escenario regional que esperaba Javier Milei, quien deberá afrontar los próximos años con Lula nuevamente legitimado por las urnas y al frente del país más importante del Mercosur.

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