La jóven democracia Argentina

El proceso democrático que nació en 1983 logró hilvanar seis periodos presidenciales elegidos por el voto popular y estuvo exento de interrupciones militares, razones por la cual se constituye como el periodo democrático más extenso desde la sanción de la Ley Saenz Peña en 1912.
A la hora de explicar las falencias y las deudas que aún tiene al democracia argentina con la sociedad se suele recurrir a la idea de ‘juventud’ de la misma. Veamos que paralelos se puede establecer entre un proceso político y la vida de una persona.

1983 – El nacimiento
En sus primeros años la resurgida democracia argentina se planteaba un simple y ambicioso objetivo: durar. Luego de las experiencias truncadas por interrupciones militares, el gobierno radical de Raúl Alfonsín tenía como objetivo de máxima cumplir el mandato de seis años.
Sin embargo esto no impidió que en esos primeros años de vida se den pasos importantes y determinantes para el futuro de la Argentina, medidas que al igual que en una criatura van a determinar el desarrollo posterior: Los juicios a las juntas, la renovación de un plan de integración latinoamericano democrático y el aplacamiento de las insurrecciones militares, que si bien no se planteaban un nuevo golpe, provocaban el pánico y el miedo al pasado en la población.
“Duramos un año” le dijo en la intimidad Alfonsín a un funcionario de su gobierno cuando se cumplía el primer aniversario de las elecciones de 1983, esa era la consigna de los primeros años.

1989 – Seis años
La primera crisis profunda de la nueva democracia tuvo eje en los desajustes económicos y sociales, y generó el traspaso de la presidencia al electo Carlos Menem antes de lo previsto. Es la edad en que el niño se separa de sus padres para pasar una tarde entera en el colegio, ya no con delantales del jardín sino con uniforme o ropa de adulto.
Argentina se vistió para recibir un nuevo gobierno peronista, el primero sin el líder Juan Domingo Perón vivo. Lejos de retomar el rol del Estado y de lo público, se optó por un colegio privado, o privatizado, y se posó la mirada en el exterior y en los beneficios del libre mercado. Diez años vivió la democracia argentina seducida por los profesores liberales y el discurso extranjerizante.

1999 – Diecisíis años
El joven de 16 años está en un sector gris… deja de ser niño pero no es un adolescente completo, son los años donde pretende ser quien no es, quiere mostrarse más grande, mas responsable, pero no dejar de ser un chico que todavía pide permiso para salir y avisa hasta que hora se va a ausentar de su casa.
La Argentina de 1999 vivía una dicotomía similar, necesitaba romper con los 10 años de menemismo, pero al mismo tiempo sentía que no podía desprenderse de todo lo que marcó ese periodo… la clase media ‘necesitaba’ la convertibilidad, temía ‘romper’ con el mundo, y había sido instruida para no confiar en un Estado que había sido vaciado y destruido.

2001/2004 – Dieciocho/veintiún años
Entre los 18 y los 21 años se dan cambios fundamentales en todo joven. Es esa zona gris en la que un individuo ya es responsable de algunas cosas y de otras no, y que sin llegar a los 21 asume roles de adolescente y reniegan de sus años anteriores a los que ve como infantiles.
Entre 2001 y 2004 la Argentina cayó ‘al infierno’ según palabras de la dirigencia política, y comenzó su resurgimiento, al menos esto marcan las estadísticas de crecimiento, consumo, y la reducción de indicadores negativos como pobreza e indigencia.
No podemos dejar de contextualizar lo que ocurrió en estos años: incorporación fuerte de China e India al comercio mundial como compradores de materias primas y permanencia de un dólar competitivo para la industria local. Cualquier estadística confrontada con el momento en que uno tocó fondo va a arrojar datos favorables.

2008 – Veinticinco años
Según las normas impuestas por la sociedad, el joven de 25 años esta terminando o terminó una carrera universitaria, trabaja desde los 20 y comienza en esta edad a proyectar una vida a futuro: en pareja, solo, forma una familia.
La Argentina lejos está de ser un joven modelo, sigue teniendo mañas y crisis de un adolescente. La vida de este país sigue siendo determinada por una dirigencia política que piensa en la coyuntura y en superar los tests electorales pero que no elabora políticas a largo plazo, una práctica política que no da la oportunidad de pensar un país a futuro.

A 25 años de las elecciones que consagraron a Raúl Alfonsín como presidente de la Nación y devolvieron las prácticas democráticas a la sociedad, la Argentina se debe debates fundamentales referidos al modelo de país que se proyecta para los próximos 50 años.

Fuente: zonanortediario.com.ar