Uno menos en el clan

Integrante de una familia de secuestradores, en 1985 fue detenido junto a sus padres y su hermano por privación ilegítima de la libertad y homicidio; padecía convulsiones que le provocaron una infección la cual puso fin a sus días.

El clan Puccio estuvo en boca de la opinión pública en su conjunto. Corría el año 1985 cuando, esta familia de clase alta de San Isidro habituí del CASI (prestigioso club de rugby) era detenida en su domicilio acusados de secuestro extorsivo seguido de muerte. Todo una faena para la ípoca no sólo por lo curioso del status social de los delincuentes y el vínculo (padres, hijos y hermanos) sino porque sus víctimas eran amigos y conocidos de la familia. He aquí lo macabro de su accionar.
Uno de sus miembros Alejandro Puccio falleció; lo hizo luego de permanecer internado a raíz de convulsiones. Una infección acabó con su vida. Estaba bajo libertad condicional desde noviembre del año pasado, a pesar que en 1995 había sido condenado a prisión perpetua. Su endeble estado de salud producto de las convulsiones tenía un origen: en 1986 el imputado se arrojó desde el quinto piso de tribunales, salvando su vida de milagro pero con consecuencias brutales. Una vez en prisión intentó suicidarse en reiteradas ocasiones.
Alejandro era un rugbier perteneciente a una familia acomodada de las más prestigiosas de zona norte. Los Puccio sembraron su derrotero de ostentación y sangre hasta 1985. En este año la policía allanó su domicilio encontrando a una mujer atada de pies y manos en su sótano. Se trataba nada más ni nada menos que de Nílida Bollini quien puso en evidencia el siniestro plan familiar. Luego se supo que Arquímedes (padre), su esposa, Alejandro su hijo, los demás hermanos y otros cómplices secuestraban a conocidos por los que pedían cuantiosas sumas de dinero. Los rescates siempre se pagaron pero el clan asesinaba a sus víctimas luego de cobrar. Fue así que en 1982 asesinaron a Ricardo Manoukian y en 1983 a Eduardo Arlet. En 1984 ejecutaron a Emilio Naum luego de que se resistiera al secuestro.
Los integrantes del clan Puccio fueron condenados y uno de los mentores, Alejandro, se despidió para siempre no sin antes haber dejado su impronta, manchada por la sangre y la traición.

Fuente: zonanortediario.com.ar

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