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Culebrón en Tigre: Cernadas denunció una “operación de baja estofa” tras la pelea por la banca de LLA

Lo que comenzó como un reclamo administrativo por la paridad de género en el Concejo Deliberante de Tigre ha derivado en un verdadero escándalo que mezcla política, alineamientos cruzados y una historia de amor terminada. Tras la presentación de Maximiliano Carlos Picco para desplazar a la concejal Milagros Rodríguez, el referente de La Libertad Avanza (LLA) en el distrito, Segundo Cernadas, salió a cruzar duramente la versión y denunció una operación política.

“Lo último que quisiéramos en nuestro espacio sería correr a Milagros: es una persona de primera y nunca entra en la rosca”, sentenció Cernadas en diálogo con el portal Conurbano Político, desmintiendo que el bloque libertario busque desplazar a la edil que asumió tras el fallecimiento de Mariano Pelayo. Para el exconcejal, el argumento de la paridad de género que esgrime Picco no tiene asidero legal, ya que “la ley indica que el reemplazo es por corrimiento” y la norma de paridad busca defender el cupo femenino, no desplazarlo.

Sin embargo, detrás de la discusión técnica de la Ley Orgánica de las Municipalidades, late un componente personal que le da un color distinto a la pulseada legislativa. Según pudo saber este medio, Picco y Rodríguez mantuvieron una relación de pareja durante tres años que terminó hace aproximadamente un año en muy malos términos. En los pasillos del Concejo, muchos ven en el reclamo de Picco una suerte de “vendetta” personal tras la ruptura.

La trama se vuelve aún más compleja al analizar las terminales políticas. Cernadas ratificó que a Rodríguez “la pusimos nosotros” (en referencia a su sector y al de Sofía Bravo). A su vez, Picco, responde a Soledad Martínez, intendenta del PRO de Vicente López, pero fuentes libertarias le atribuyen un trabajo territorial cercano a Nicolás Scioli desde hace más de un año.

Cernadas no dudó en calificar el conflicto como “una operación de baja estofa” y evitó señalar quién estaría detrás de los rumores, aunque fue tajante: “Está claro que hay gente que se dedica a este tipo de rosca que no le hace nada bien a la política”.

Más allá de las desmentidas y el trasfondo sentimental, el trámite administrativo sigue su curso. Al no cumplirse el plazo de 72 horas que Picco exigió para que se le tome juramento, la disputa por la banca que dejó Pelayo se encamina a definirse en los tribunales. Lo que queda claro es que en Tigre, el derecho electoral, la política territorial y los asuntos del corazón se han mezclado de forma explosiva.

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