La comunidad de la Casa de la Juventud de San Isidro volvió a manifestarse este miércoles en Don Bosco 47, frente al espacio donde funcionó durante 36 años ese ámbito cultural y educativo, para reclamar respuestas concretas por el cierre y la reorganización de los talleres.
La protesta apuntó a la Municipalidad de San Isidro y a la Subsecretaría de Cultura, luego de cuatro semanas de incertidumbre por la situación de la Casa, que durante más de tres décadas fue un lugar de formación, encuentro y contención para jóvenes, estudiantes, exalumnos, docentes y vecinos del distrito. Según denunciaron desde la comunidad, el cierre derivó en una fragmentación de las actividades, pérdida de continuidad pedagógica, espacios no adaptados para las clases y falta de condiciones técnicas para sostener distintas propuestas.
El conflicto comenzó luego de que se comunicara el desarme del espacio con poca anticipación, en pleno desarrollo del cuatrimestre y sin una instancia previa de diálogo con estudiantes, docentes ni con la comunidad que asiste a los talleres. Desde entonces, las actividades fueron distribuidas en distintas sedes, pero quienes impulsan el reclamo sostienen que esa solución no alcanza porque la Casa no funcionaba como una suma de aulas aisladas, sino como un espacio integrado de pertenencia y construcción colectiva.
Uno de los puntos más sensibles es la situación del taller de fotografía analógica. Los estudiantes quedaron sin laboratorio fotográfico, con clases suspendidas o afectadas, y con materiales y equipamiento que, según advierten, todavía no tienen un destino claro. También señalaron dificultades en otros talleres que requieren condiciones específicas, como piano, que necesita un espacio adecuado desde lo acústico.
Desde la comunidad remarcan que la Casa de la Juventud tenía una identidad construida durante más de tres décadas. Allí se realizaban muestras colectivas, proyectos compartidos y cruces entre distintas disciplinas, en una dinámica que excedía la cursada formal. En ese sentido, sostienen que la convivencia entre talleres era parte central de la experiencia pedagógica y humana del lugar.
A esa preocupación se suma el problema de la accesibilidad. La distribución de los talleres en diferentes sedes obliga a muchos estudiantes a trasladarse más, complica la continuidad de quienes cursaban varias actividades el mismo día y afecta especialmente a jóvenes que dependían de una organización más concentrada. En ese marco, también mencionaron el impacto de la situación actual del transporte en la zona, en particular de la línea 707, que agrava las dificultades de traslado.
El reclamo ya había sido presentado hace dos semanas en el Honorable Concejo Deliberante de San Isidro, pero la comunidad asegura que todavía no recibió respuestas concretas. Además, informó que reunió más de 1300 firmas y testimonios de estudiantes, exalumnos y vecinos que acompañan el pedido.
Entre los testimonios recopilados aparecen frases que resumen el valor que tuvo el espacio para distintas generaciones: “Hoy puedo trabajar profesionalmente gracias a la formación que obtuve”, “el aprendizaje no debería ser un privilegio”, “es lo más cercano a comunidad que vi en mucho tiempo” y “defender estos espacios es defender el futuro”.
El planteo central de la comunidad es que la Casa de la Juventud vuelva a contar con un espacio propio y adecuado, no solo con aulas dispersas. “No defendemos solamente talleres. Defendemos una comunidad construida durante 36 años”, expresaron desde el colectivo que impulsa el reclamo.
La manifestación buscó visibilizar ese pedido y exigir una respuesta institucional que permita recuperar un ámbito que, según remarcan estudiantes, docentes y exalumnos, cumplió durante años una función educativa, cultural y también de contención social para jóvenes de San Isidro.

