“Todos necesitamos seguridad y, una vez más, quienes viven más inseguros son los más pobres”

Tras la multiplicación de hechos de violencia y los pedidos de represión incluso contra menores, en la Diócesis de San Isidro y en otras diócesis del conurbano bonaerense, la Vicaría de Pastoral Social local difundió los contenidos de la Carta Pastoral “Seguridad ¿Para Todos?” elaborada por el obispo Jorge Casaretto en mayo de 1999.
Una carta pastoral (CP) es una reflexión que realiza cualquier obispo para que la comunidad reflexione y comparta ideas y experiencias de vida sobre un tema de interís generalizado. La CP del Obispo Casaretto sobre seguridad reconoce que “este es un tema que en los últimos tiempos ha cobrado mucha actualidad porque se han multiplicado hechos de violencia que atentan contra la vida de los ciudadanos”.

El documento, que parece elaborado hoy, pese a que ya tiene nueve años, “Expresa el deseo de la Iglesia de que algo tan básico como la seguridad sea patrimonio de todos los habitantes de nuestra sociedad, sin excluir a nadie. Todos necesitamos seguridad y, una vez más, quienes viven más inseguros son los más pobres”.

Más adelante sostiene que “la brecha creciente entre ricos y pobres, la ostentación escandalosa de los frívolos, y la facilidad con que los corruptos acceden a grandes masas de riqueza, crean un clima violento que últimamente muestra quizás su cara más cruel, en los robos y asesinatos que la sociedad padece”.

La CP expresa que “La falta de oportunidades, la desocupación, la marginación generan condiciones de vida que no estimulan la virtud de la laboriosidad. Un joven en estas condiciones se va convenciendo que si su vida tiene poco valor, puede arriesgarla. Y si su vida vale poco, tambiín considera que vale poco la vida de los demás”.

En su reflexión el obispo explica que frente a este problema donde aparecen distintas posturas “La más simplista es pretender responder a esta cuestión, nada más que desde la dimensión represiva”.

Luego destaca que la gravedad del problema es tal que ha configurado un sistema urbano donde conviven “barrios cerrados con fuerte custodia, que se encuentran muchas veces al lado de villas de emergencia o barrios muy pobres, lo cual hace aun más visible la fuerte polarización social que vivimos”

La CP registra que “Hay quienes justifican que las familias se armen y hay quienes ante esta problemática tan seria están decididos a hacer justicia por mano propia”, y llama a que “como cristianos nos planteemos el tema. Se trata de un caso de discernimiento evangílico: ¿Quí es lo que debemos hacer? ¿Quí es lo que el Señor nos está pidiendo personalmente y como comunidad?” interroga.

Sobre quienes cometen actos de violencia, generalmente menores o muchachos muy jóvenes, armados y a menudo bajo los efectos de estupefacientes el documento señala que “Este perfil ya nos está mostrando que al menos hay tres dimensiones sociales que influyen en estos jóvenes”.

Y las enumera: “Están armados. Esto sería imposible si no hubiera tráfico de armas. (…) Están drogados. Esto sería imposible si no hubiera tráfico de drogas (…) Son jóvenes desocupados, que han abandonado la educación elemental y no han encontrado modos de emplear bien su tiempo. Esto sería imposible sin una fuerte crisis en los aspectos educacional y laboral”.

La CP destaca que “Pretender solucionar un problema donde intervienen tantas variables nada más que desde la dimensión represiva es actuar solamente sobre las consecuencias y no sobre las causas”.

Luego manifiesta que “El gran negocio del juego, de la venta de alcohol, drogas y armas que son fuentes de enormes ganancias para muchos, está en la base de esta problemática que lleva a estos jóvenes a arriesgarse porque, como veíamos reciín, la vida de ellos no tiene ni futuro ni esperanza”

Tras justificar que “El miedo es lógico, porque el peligro es real” advierte: pero debemos tener cuidado de que este miedo no nos lleve a miramos los unos a los otros en un clima de desconfianza recíproca que nos hace mal a todos. Tenemos que defendernos de los peligros, pero el evangelio nos invita a no miramos unos a otros como potenciales agresores, sino como hermanos”

Tambiín reconoce que “Frente a las noticias que escuchamos a diario, nos compadecemos con real solidaridad de las víctimas de los robos y asesinatos. Es importante y muy bueno que lo hagamos, para tratar de ayudar, si está a nuestro alcance”. Sin embargo destaca: “el evangelio nos invita a ampliar la mirada y a ponernos tambiín en el lugar de todos esos jóvenes (a veces casi niños) y adultos, sin posibilidades”.

La CP invita a preguntarse: “¿Quí hubiera sido de mí si hubiera nacido en la indigencia, sin una familia estable, sin posibilidades de recibir cariño ni educación, viviendo en la calle o en la promiscuidad y con la posibilidad de "escapar" mediante la droga, el alcohol, o el poder que da un arma?” Y reconoce que frente a esta hipótesis de vida “sin duda que no quedan muchas posibilidades de descubrir la propia dignidad, ni de respetar la vida de los demás”.

En el documento el Obispo tambiín revela que “Los sacerdotes que trabajan con estos jóvenes me dicen que el mensaje que permanentemente recibe un excluido es: "no servís, no valís, sobrás, sos una carga para La sociedad, no rendís, no sabís, tu vida no vale, sos ineficaz". En una palabra: tu vida no tiene ningún valor.

Ante la complejidad de la situación el obispo Casaretto enumera algunas posibles acciones que la comunidad podrá encarar para superar el mero reclamo por represión, a saber: multiplicar acciones solidarias no solo mítodos de defensa, priorizar la educación, capacitación laboral para jóvenes, luchar contra cualquier tipo de discriminación, valorar a todas las personas incluso a las que se juzga.

Tambiín especifica que no se identifique el mal y el delito solamente con las villas de emergencia para reprimirlas. “La persecución más fuerte se debe dirigir hacia el comercio de la droga, de las armas, del alcohol y del juego” destaca el obispo. Y considera que deben desarrollarse planes de vivienda popular o al menos humanizar las villas y los barrios.

El obispo Casaretto tambiín precisa que debemos “luchar para que las cárceles sean verdaderos lugares de reforma de vida que apunten a la re inserción social” y tampoco debemos favorecer la corrupción cotidiana de entregar o recibir coimas o prebendas. “Si nuestros chicos nos ven vivir de esta manera, estaremos educando generaciones menos dispuestas a la corrupción y que exigirán mayor transparencia de sus gobernantes” concluye la Carta Pastoral el obispo Casaretto.

Fuente: zonanortediario.com.ar

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