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Don Segundo Sombra, una epopeya viva de la literatura argentina

Güiraldes, Borges y una relectura de la obra que convirtió al gaucho resero en una figura universal

En San Antonio de Areco se llevó a cabo un encuentro dedicado a la figura y la obra de Ricardo Güiraldes, con una nutrida concurrencia de escritores, novelistas y autoridades de la Academia Argentina de Letras, en una jornada que volvió a poner en el centro de la escena literaria a Don Segundo Sombra, una de las obras fundamentales de la literatura argentina.

Abrió el acto el intendente municipal de San Antonio de Areco, quien dio la bienvenida a los presentes y destacó la importancia de la presencia de escritores y autoridades de la Academia Argentina de Letras en una ciudad profundamente vinculada con la tradición gauchesca y con la obra de Güiraldes.

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Victorio Pirillo junto a Francisco Ratto Intendente de San Antonio de Areco y Rubén Gasparini

A continuación hizo uso de la palabra el presidente de la Academia Argentina de Letras, quien realizó una breve reseña sobre la vida y la trayectoria literaria de Ricardo Güiraldes, para luego dar paso a la exposición del vicepresidente de la institución.

La exposición propuso una relectura de Don Segundo Sombra no solamente como una novela fundamental de la literatura argentina, sino como una verdadera epopeya, capaz de trascender el tiempo en que fue escrita y continuar planteando interrogantes al lector contemporáneo.

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Victorio Pirillo junto a Adolfo Guiraldes, sobrino nieto del escritor

El punto de partida fue una reflexión sobre la propia naturaleza de la obra. Jorge Luis Borges había definido Don Segundo Sombra como una elegía, mientras que el propio Güiraldes se había referido a ella como un relato. Entre ambas definiciones se abre un territorio literario de enorme riqueza: el de una obra que narra, pero que al mismo tiempo despide; que construye una memoria y, simultáneamente, registra la desaparición de un mundo.

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Javier González crítico literario y miembro de la Academia

En ese sentido, la exposición planteó una interesante lectura comparada entre Don Segundo Sombra y el Quijote. En la obra de Cervantes existe el proyecto de hacer resurgir al caballero medieval a través de la parodia, recuperando una figura que pertenece a un universo que ya comienza a desaparecer. En Güiraldes, en cambio, el propósito adquiere otra dimensión: rescatar aquello humanamente valioso que se encuentra en vías de extinción.

Allí reside una de las grandes fuerzas de Don Segundo Sombra. La novela no se limita a retratar al gaucho, al hombre de campo o al resero como personajes de una época determinada, sino que recupera valores, gestos, formas de entender la vida y una determinada relación con la dignidad, el trabajo, la palabra y la libertad.

Por eso puede hablarse de Don Segundo Sombra como una epopeya del gaucho resero. Pero se trata de una epopeya particular, construida no a partir de grandes batallas ni de acontecimientos extraordinarios, sino a través de los pequeños hechos, de las experiencias cotidianas y de una mirada que comprende que también en esos gestos aparentemente mínimos puede encontrarse la grandeza humana.

La exposición recuperó, en ese sentido, la voluntad de Güiraldes de centrar su escritura en la ejecución de los pequeños hechos, hasta convertirlos progresivamente en materia literaria. La novela adquiere así una dimensión casi elegíaca: el mundo que narra no desaparece de golpe, sino que se va alejando lentamente, como quien se desangra.

La figura de Borges volvió a ocupar un lugar central al recordar su reflexión sobre la relación entre Güiraldes y su obra. Después de una relectura atenta de Don Segundo Sombra, sostenía Borges, la mirada puede dirigirse nuevamente hacia el autor y descubrir aspectos de su vida que permiten alcanzar una verdad paradójica: el autor puede ser más que el libro, pero también el libro puede ser más que el autor.

Esa paradoja permite comprender por qué Güiraldes continúa siendo objeto de nuevas lecturas y por qué Don Segundo Sombra no puede quedar reducida a una pieza de museo de la literatura argentina. La obra permanece viva precisamente porque cada época puede volver sobre ella y descubrir nuevos sentidos.

Finalmente, desde la Academia se formuló una invitación a continuar redescubriendo aspectos, significados y verdades todavía presentes en la obra de Güiraldes, reafirmando la vigencia de Don Segundo Sombra como una obra central de la tradición literaria argentina.

Así, la novela de Güiraldes vuelve a ser leída desde una perspectiva que supera el mero relato costumbrista. Es novela, memoria, elegía y epopeya; es la reconstrucción literaria de un mundo que se extingue, pero también la preservación de aquello que, aun cuando desaparecen las formas históricas que lo contenían, continúa teniendo valor humano.

Por eso Don Segundo Sombra puede ser considerado un texto faro de la literatura de los siglos XX y XXI: una obra que nació de la observación de un mundo concreto y terminó adquiriendo una dimensión universal. La epopeya del gaucho resero se convierte, finalmente, en la epopeya de la memoria y de la condición humana frente al inexorable paso del tiempo.

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Antonio Requeni, crítico literario y miembro de la Academia

Consultado al respecto, Victorio Pirillo, quien estuvo presente como invitado elogió la organización del evento a la UNSADA haciendo mención al rector de la misma Dr. Jerónimo Enrique Ainchil y a la intendencia, y participó de la jornada haciendo entrega de ejemplares de sus libros, entre ellos su nueva obra Bronce y Cenizas – Iwo Jima, calificó el encuentro como “la Academia de Atenas”, en una referencia al célebre espacio de la antigua Grecia fundado por Platón, donde se reunían filósofos y pensadores para debatir sobre el conocimiento, la política, la ética, la ciencia y las grandes cuestiones del hombre.

La comparación de Pirillo apunta a destacar el carácter excepcional del encuentro, por la presencia de escritores, académicos y figuras de reconocida trayectoria intelectual, reunidos alrededor de la literatura y de la obra de Ricardo Güiraldes. Para Pirillo, la jornada tuvo ese espíritu de intercambio y reflexión propio de aquellos antiguos ámbitos del pensamiento, donde la palabra, el conocimiento y el debate ocupaban un lugar central.

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