Fue cuando el fútbol se lo comió todo

Hoy se cumplen 30 años del primer campeonato mundial de fútbol obtenido por la Argentina. Tres dícadas pasaron y aún se siguen tejiendo sospechas sobre el papel que jugó la dictadura militar en el logro del seleccionado dirigido por Cesar Luis Menotti.
Si pudiíramos decir que el denominado Proceso de Reorganización Nacional tuvo un momento de popularidad, este sería el Mundial de Fútbol de 1978. Si bien se estableció que el torneo se realizara en nuestro país antes del Mundial de Míxico 1970 (Argentina luchó hasta último momento con aquel país para organizar dicha competición, acordando previamente que el perdiera la votación realizaría el Mundial de 1978), la junta militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, Jorge Rafael Videla (Ejírcito), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agosti (Fuerza Aírea), tomó cartas en el asunto y con una desmesurada inversión dio inicio a la increíble maquinaria del fútbol.
Todo el sueño de la junta y de un ferviente público parecía derrumbarse cuando la Argentina se veía obligada a convertirle cuatro goles a su par de Perú, equipo que se mostraba como sorpresa del torneo gracias a la velocidad y buen pie de sus volantes y delanteros. En torno a este encuentro y al de la final frente a Holanda, aun hoy se siguen barajando distintas hipótesis que ponen en duda el triunfo argentino. Visitas al vestuario visitante por parte de Videla, dinero y vacaciones pagas para los jugadores peruanos, toneladas de trigo y dinero para el gobierno perulero. La cuestión es que en ese partido, justo cuando mejor debían jugar, el equipo sudamericano deambuló durante noventa minutos por el campo de juego.
Una vez en la final, llegó el turno de Holanda. Mientras en el estadio de River muchos gritaban y festejaban los goles contra los neerlandeses, a pocos metros de distancia otros eran sometidos a las peores atrocidades que alguien pudiera imaginar. Sin embargo, y a pesar de las denuncias de aquellas madres y abuelas agrupadas pidiendo por sus hijos y nietos, y de los medios internacionales revelando las salvajadas del gobierno argentino, la gran mayoría no veía o no quería ver lo que ocurría a sus alrededores. Paradoja si las hay, tanto silencio entre tantos gritos.
Actualmente muchos de los jugadores de nuestro país no se animan a hablar de todo lo que rodeó al título obtenido. Otros se enojan porque sienten que menosprecian su esfuerzo. Pocos hacen un mea culpa. Algo tiene que quedar claro entre tanto discurso nublo: quizá sin saberlo, el seleccionado argentino, así como el Mundial, fue funcional a la junta militar.
Fue cuando el fútbol se lo comió todo. Y si es bueno que la pelota no se manche, mejor sería que la pelota haga memoria, buen comienzo para no repetir la historia.

Fuente: zonanortediario.com.ar

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