Ese Dios llamado mercado

Un análisis histórico y actual de las causas que llevan a esta crisis mundial, mientras caen las bolsas, quiebran los bancos y las financieras, los banqueros, empresarios y accionistas piden la mano salvadora del estado pero ¿siempre fue así? ¿Pueden autorregularse los mercados?, la crisis de un modelo y una cosmovisión autodestructiva.

Durante mucho tiempo se nos dijo casi como una verdad revelada que el Estado no debía intervenir en la economía, que las fuerzas del mercado se autorregularían mediante una “mano invisible”. El discurso monolítico neoliberal heredero de la doctrina monetarista de Milton Friedman comenzó a mostrar su hegemonía allá por los 70 con la caída de los estados de bienestar. La crisis de la OPEP(Organización de países exportadores de petróleo)1972-1973 permitió la vuelta a la desregulación financiera anterior a la crisis del 29. Fueron los gobiernos conservadores de Margaret Tatcher y Ronald Regan quienes entre fines de los 70 y principios de los 80 aplicaron las formulas mágicas las cuales se exportaron hacia el mundo y sobre todo hacia Amírica Latina asentando la dependencia cultural y económica en una ípoca donde íramos gobernados por dictaduras militares.

Con la llegada paulatina de la democracia a nuestro continente los ochenta fueron considerados como la dícada pírdida haciendo referencia a los resabios que dejaron las dictaduras: Altísima deuda externa que llevó a la crisis del estado sumado a la hiperinflación y el peligro de nuevos golpes de estado. Fue así que llegaron los 90 con la consolidación del modelo neoliberal en Amírica latina y el mundo debido a la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS que llevó al colapso del mundo comunista. “El fin de la historia” predijo el pensador liberal Fukuyama, anunciando en triunfo de las democracias liberales. Parecía el triunfo definitivo del capitalismo de mercado y con este un nuevo mundo unipolar con la hegemonía exclusiva de el “ganador” de la guerra fría, EE.UU. Mientras tanto en nuestro país se fomentó el libre comercio, las privatizaciones, el creciente endeudamiento externo, “las relaciones carnales” con EE.UU. y el desmantelamiento del estado en materia de regulación. Fue así que se logró morigerar la inflación a costas de la destrucción de la industria nacional y una creciente tasa de desempleo. “Achicar el estado” para agrandar la nación” decía Menem. Las constantes crisis en la periferia que no afectaron al centro llevaron al agotamiento de este modelo que concentró aún más la riqueza y promovió la desigualdad.

Las crisis del Tequila en Míxico 1995, la de los países asiáticos, Rusia, Brasil y finalmente el 2001 en Argentina dieron cuenta de la ineficacia de un modelo que lleva a la catástrofe. Mientras tanto Latinoamírica experimentó cambios con la llegada de gobiernos que enfrentaron y enfrentan a estas políticas que extendieron la pobreza y desigualdad, muchos de ellos resistidos por quienes ostentaron el poder económico durante dícadas no dispuestos a resignar un gramo de rentabilidad. No obstante el primer mundo comenzó a experimentar en carne propia lo que en los 90 sufrió la periferia. La desregulación llevó a otorgar críditos a mansalva sin exigir garantías y sobre todo a la especulación financiera creando una burbuja que en un momento explotó. Llegó ese momento con la quiebra de bancos, financieras, bancos de inversión y aseguradoras que afectan a EE.UU. y al sistema mundial en su conjunto. La crisis de las hipotecas basura sumada a la libertad del Laissez Fair (dejar hacer, dejar pasar) provocaron esta crisis que parece no tener fin. Ahora los empresarios y banqueros que pedían libertad de mercado exigen el salvataje del estado.Los empresarios que privatizan las ganancias piden la socialización de las perdidas. Esta es la agonía de un modelo que solo trae más pobreza, concentración de riqueza y desigualdad. El fin de la historia parece estar lejos, por lo menos por ahora…

Fuente: zonanortediario.com.ar